24 marzo 2006

24 de marzo, día aciago


Años de plomo, noche oscura… son algunos de los adjetivos que caracterizan la etapa de la última dictadura argentina, aquella que cumple hoy, 24 de marzo, 30 años de su inauguración. Yo agregaría, etapa de vergüenza, años de dolor, de terror, pérdida de una generación valiosa…

El 24 de marzo de 1976 estaba estrenando mis 22 años. El cielo se vino abajo como un manto pesado, la bronca y el miedo se peleaban por sobresalir en mi vida, así como en la de tantos otros. La militancia podría haber seguido y quizá hoy sería una “desaparecida” (“No están ni vivos, ni muertos… están desaparecidos”, decía Videla cuando le reclamaban por la gente que secuestraban, torturaban y asesinaban), pero mi vida tomó el rumbo del exilio, junto a mi familia. Nunca sabré si hice lo correcto. Es una duda que carcome a la gente de mi generación que ha sobrevivido. Muchos cargamos la culpa de estar vivos…

El cine ha intentado reflejar esos años en innumerables películas. Todas tocan algún aspecto de la pesadilla. Pero hay algo que ninguna ha conseguido. A mí, personalmente, me interesa hablar de dos de ellas. Una, Montoneros, una historia, porque a través del documental, Andrés Di Tella le da la palabra a una militante que ha sobrevivido, y a quienes vivimos esa etapa de nuestra historia, nos evoca los sentimientos y el sufrimiento experimentado. La otra, Garage Olimpo, una ficción que transmite el horror desde la experiencia de una militante secuestrada.

Las comparaciones son odiosas, pero estas dos películas vienen a mi mente cada vez que se trata de ilustrar esa etapa histórica. La única coincidencia es que, en ambas, la protagonista es una militante; pero el planteo estético, la propuesta ideológica y la resolución son diferentes.

Montoneros, una historia introduce su relato con la presentación de la agrupación peronista que le dio batalla a la dictadura desde la lucha guerrillera. A través del testimonio de Ana, una militante que aún se plantea interrogantes, como la mayor parte de su generación, Di Tella va relatando momentos puntuales de esa época: la muerte de Aramburu, hecho con el que se inauguran los Montoneros frente a la opinión pública; los choques armados; la llegada de Perón en lo que debería haber sido una fiesta, pero que en Ezeiza se convirtió en campo de sangre; el día que Perón trató a la juventud de “imberbe” y la Plaza de Mayo se despobló; la muerte de Perón y el gobierno de Isabel; el golpe de estado del 24 de marzo de 1976… Esa historia, construida a través de los hechos que la caracterizaron, nos permite conocer las vicisitudes que vivieron los militantes, ya sea a través de la narración de Ana, de las imágenes de archivo, de los testimonios de otros militantes, de la identificación con personalidades paradigmáticas en el peronismo.

Por su parte, Garage Olimpo nos cuenta la historia de María, una chica que alfabetiza en una villa miseria. Pero la introducción del relato se hace a través de una joven que coloca una bomba debajo de la cama de un general, padre de su amiga. Planteada así, sin más, pareciera que a la “terrorista” no la impulsara ningún móvil, por lo que no entendemos cuál es la razón de su acción. El film se desarrolla, en su mayor parte, dentro del campo de concentración, donde María será torturada y luego, seducida por su violador. La violencia está presente durante toda la película, en todos los matices posibles: los falsos fusilamientos, el lanzamiento de un militante por el balcón de su casa en un allanamiento, la apropiación de la propiedad de los secuestrados, la solución final… ¿Qué vimos al cabo de una hora y media? El calvario por el que pasa María, los ataques incomprensibles de la guerrilla, la perversidad del que detenta el poder… Sufrimos como locos, salimos destrozados de la sala, pero no nos quedó nada más que la sensación de que todo fue un horror. Y sí, lo fue, pero lo que no dice Garage Olimpo –eso me indigna– es que esa juventud que fue secuestrada, torturada y asesinada…, desaparecida, tenía ideales, y estuvo dispuesta a dar más que la vida por defenderlos.

Por eso hoy, cuando en mi país se debate si el crimen que cometieron los militares de la última dictadura es de lesa humanidad, si las leyes de punto final y de obediencia debida son ilegales, si debe derogarse el indulto que absolvió a quienes cometieron esos crímenes, yo sólo pienso que debería haber justicia por los miles de desaparecidos, por los niños apropiados por la dictadura… y debería haber un cine que fuera verdadero testimonio de lo que en este país sucedió, y no simple ilustrador que sólo toca las teclas más sensibles del espectador.

Liliana Sáez

9 comentarios:

Daniel dijo...

No puedo más que comentar acerca de el horror Argentino descrito por las imágenes que leo en vos, que se mezclan con las imágenes cinematográficas de películas como La noche de los lápices y que, dentro de toda esta maraña visual, se entremezclan con el Noticiero de todos los días, de los días bizrros del continente, de los violentamente marcados de Colombia.

El sentir que el cielo se venga abajo de un momento a otro y que ese mismo que antes te iluminaba y te daba cierta sensación de protección ahora te presione y te haga sentir un ahogo y un desespero inimaginable describe mucho más que nada el horror infinito que a hoy, 24 de Marzo de 2006, aun palpita y te hace sentir culpable por continuar aun con vida.

Y que uno sienta eso es de las cosas más irónicas de la vida misma. LA estupidez Humana de unos cuantos para cagarse la vida de unos muchos.

Liliana dijo...

El cielo sigue emplomado... Esperemos que algún día pueda verse el sol.

Cristhian Carvajal dijo...

El relato del horror y las innumerables desapariciones, son hechos que han marcado la historia tanto de Argentina, como de Colombia.

Es triste saber que estos genocidios quedan impunes y que hay tan poco de ello en el Cine. Gran parte de mi interés por hacer parte del "séptimo" arte, está en relatar algo que hable de la historia y sirva como legado para los espectadores.

Esperemos que lo pueda hacer. O sino, por lo menos que las historias de amor, hablen de este problema en el fondo. Porque, ¡de que hago cine, lo hago!.

Liliana dijo...

Tener la posibilidad de filmar, y que eso además, te permita decir lo que nadie dice, será un privilegio. Te lo aseguro.

Marcela Barbaro dijo...

En tu conclusión hablás de los ideales y sobre ese punto muy pocas veces se habla. Las ideas de renovación, de cambio, de una justicia social equitativa y justa, entre otras cosas, formaban las esperanzas de quienes trataban de hacer un pasís mejor, una sociedad mejor. Hoy, los ideales y la ideología parecen borrados de la conciencia.
La historia es cíclica. Lo que me da algo de alivio.

Liliana dijo...

Que la historia sea cíclica me aterroriza. Sí espero que algún día la lucha por un país mejor pueda hacerse de manera pacífica y lograrse.
Un abrazo

Fernando dijo...

Querida Liliana, me gustó mucho tu artículo sobre el 24 de marzo, y también la importancia que le dieron a la fecha. También leí tus comentarios. Me intrigó: ¿Por qué no te gustaría M Butterfly? Aunque si las otras de de Cronenberg. A mí me gustó. Es curioso, siempre relacione ese film con Argentina, con la dificultad de "ver", como toda esa gente que ahora advierte el fascismo y la tortura, pero durante años sostuvieron aquello de "por algo será", y se alegraron con el mundial de futbol mientras mataban jóvenes en las mazmorras, y después se volvieron muy patriotas por esas islitas de pacotilla. Y ahora descubren que mataron su propia gente ¿no descubren que eran fascistas cuando se creían patriotas? ¿que adoraban toda esa basura ? Se parecen creo a M Butterfly más de lo que creen, son lo mismo. En fin, esta fecha generalmente me enoja, y sobre todo que haya habido tanta complicidad, tanta falsa ceguera, tanta gente corrompida, un país de M Butterfly. Confiemos que algunos de esos asesinos no muera en la cama. En fin, un abrazo,y el cariño de siempre

Liliana dijo...

Gracias por sus palabras acerca del blog. Tardé mucho en decidirme a tener un lugar donde publicar sobre cine. Encontré la manera de hacerlo compartiendo con alguna gente que me está acompañando en esto y que espero se sumen muchos más. Porque lo veo como un lugar de encuentro.

Quizá lo que no me gustó de M. Butterfly fuera justamente eso, que alguien no vea más allá de lo que quiere ver. No fui más lejos y no leí la metáfora de la manera enriquecedora que usted lo hace. A mí también me da mucha bronca... tristeza y bronca... hay demasiada (y cada vez es más la gente joven que la siente) cuando se acercan estas fechas, cuando descubren algún pozo... y demasiada alegría cuando se restituye algún chico a su familia. Es inconcebible que hayamos pasado por todo lo que se pasó. Y eso, que ahora se movilicen, cuando sabían qué pasaba. Lo más triste es que hay algunos grupos que están usando este tema tan doloroso para resolver internas políticas (sale el famoso: "por algo los echó Perón de la plaza"... y se parece tanto al "algo habrán hecho", que realmente da más bronca). Cuánto daño se hizo. Cuántas marcas han quedado. Aunque quieran encontrar una cura, no existe... Hubo una mutilación... algo irrecuperable, algo irreversible... Da mucha bronca. Y más cuando vemos que sí, que esos asesinos se mueren en la cama... Más, cuando no hay respeto por esa gente que murió peleando un ideal. Más, cuando pareciera que no se aprende...
Liliana

Eduardo Soler dijo...

LS: Gracias por tu mensaje. Mi temor al escribir mi post, el párrafo más largo que hice, fue que cada "y otro" sea solo un número.
Pero traté de llegar a ese gran vacío que son 30 mil. Casi como todos los que fuimos a la Plaza a recordarles. Casi como si allí no hubiese habido nadie.