13 septiembre 2007

Relámpago en el agua

Ignacio Ayuso



En 1999 Chris Marker realiza para la serie Cinema de notre temps un documental-estudio acerca del cineasta ruso Andrei Tarkovsky, al cual se le diagnosticó un cáncer poco después de finalizar el rodaje de la que sería su última película, Sacrificio (1986). Durante aquel tiempo un Tarkovsky ya postrado en cama recibirá la muy ansiada visita de su hijo al que no veía hacía más de 5 años retenido por las autoridades rusas (1). Marker y su cámara estaban allí para testimoniar el postergado encuentro; años después utilizará esas imágenes en su obra Un día en la vida de Andrei Arsenevich (2).

Como es habitual en Marker, la imagen y la palabra se relacionan para constituir un significado nuevo, profundo, que va más allá del logos o la reproducción figurativa de una cierta realidad. En un texto aparecido en France-Observateur en octubre de 1958, André Bazin reflexionaba acerca del estreno de Lettre de Sibérie y definía el montaje markeriano como horizontal, donde “la imagen no remite a lo que precede o sigue, sino lateralmente en cierto sentido a lo que se dice”. Esta obra de carácter epistolar se erige en una gran dacha donde el espectador es invitado a deambular, reflexionar e interrogarse acerca del trabajo de uno de los mayores artistas del último siglo. Pues al igual que la obra tarkovskiana, Marker no proporciona certezas sino que plantea interrogantes abiertos al espectador. Conmovedoras son las imágenes de un Andrei besando y abrazando al hijo largamente esperado, tumbado en la cama, desvalido. Rápidamente le pide que se despoje del abrigo, pues éste es símbolo de premura y urgencia; pareciera que sin la pelliza el recién llegado nos garantizara su permanencia, su intención de quedarse y no partir. Y de partidas del hogar y nostalgia por aquello que se ha perdido está constituida la obra del cineasta ruso: Kelvin ha de abandonar el hogar paterno para viajar hacia los confines de la galaxia en Solaris; el Stalker abandonará a su mujer e hijas para internarse en La Zona en Stalker; en Nostalgia un escritor ruso viaja por Italia, añorando la patria y siguiendo el rastro de un músico soviético del siglo XVI exilado y, finalmente, en Sacrificio, el protagonista pegará fuego a la dacha, la gran mansión, para evitar la destrucción del mundo. La imposibilidad de retornar al hogar como reflejo del tiempo pasado que ya no se ha de vivir, re-vivir.

Que la cinta comience con un plano de El Espejo, aquél en que una mujer permanece sentada sobre una cerca de madera mientras la cámara pasea por detrás de la figura, centrándose en su pelo recogido en un moño, símbolo ruso de la espera, no es casual. A continuación Marker insertará las imágenes de Larissa, esposa de Tarkovsky, esperando frente a la ventana del hospital. Esta imagen de espera de una madre por el hijo tiene su correspondencia en el imaginario del espectador con otra de gran pregnancia para el cineasta francés: aquel plano hitchcockiano que muestra el moño en espiral de Madeleine mientras observa el cuadro de Carlota Valdés en Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958). Dicha espiral de imágenes serán de acuerdo con Losilla imágenes infinitas de nuestra vida que no dejan nada al azar (3). Así Marker establece lazos entre el creador y su obra, entre imágenes del pasado que reverberan en el presente.

Unas imágenes del corto The Killers rodado por Tarkovsky durante sus años de formación en el VGIK, la legendaria escuela de cine rusa fundada en 1919, llenan la pantalla; en él vemos al propio director interpretando un pequeño papel silbando una tonada, la voz narradora femenina nos señala que se trata de "Lullaby Of Birdland", Marker no dice nada más, aunque resalta la importancia de la melodía como premonitoria, pero no explica el por qué. Ha de ser el espectador quien infiera que el tema está dedicado a Charlie Parker (4), quizá el más grande saxofonista de la historia del jazz, quien debido a sus problemas con la droga vio cómo su licencia para tocar en los locales de jazz de New York le era retirada y se exilió una temporada a París. La historia de Parker nos retrotrae a las figuras de otros grandes jazzmen como Bud Powell o Lester Young que encontraron en la capital francesa la comprensión y el aprecio hacia el arte que producían que les era negado en los Estados Unidos. ¿Es una casualidad que un jovencísimo Tarkovsky, futuro exilado de la Unión Soviética, silbara una melodía dedicada a un artista que encontró más respeto y veneración hacia sus creaciones en Europa que en su propia patria? Marker va tejiendo una madeja que entrelaza la biografía y la obra del artista, sus temas y motivos recurrentes: la fe; el sacrificio a través de gestos absurdos o carentes de significados para el resto de personajes excepto para aquel que los realiza; el amor por la tierra, sus aguas, vientos, árboles y praderas; la lluvia, omnipresente en su filmografía, que lo emparentaría con Kurosawa: “el más japonés de los directores occidentales”, dirá Marker al señalar la importancia de la Naturaleza en el corpus fílmico de Andrei. Curiosamente, el día de la llegada de su hijo, la lluvia hará acto de presencia y será la propia Larissa con regocijo, quien recordando varias escenas de los films del director –que Marker va intercalando a medida que la mujer los nombra, planos donde el aguacero es protagonista– salga de la casa y mire al cielo mientras las gotas se precipitan sobre ella.

Para Tarkovsky el cine era un acto de fe, “el travelling ya no es una cuestión moral sino metafísica” se nos dice en el film y Marker yuxtapone dos secuencias a lo largo de esta breve obra de apenas una hora: la filmación del último y muy complejo plano rodado por Tarkovsky para su film Sacrificio y la escena de la construcción de la campana en Andrei Rublev. Al igual que el joven Boriska que sólo con un acto de fe pudo construir la campana pues su difunto padre no le había pasado el secreto de su creación, Tarkovsky parece construir la última escena del film de la misma manera: a base de tenacidad, fe en la búsqueda de la belleza y altas dosis de perfeccionismo y creatividad. Marker señala: “Antes de que las cámaras comenzaran a rodar, Andrei debía sentir tanto miedo como Boriska a la hora de forjar la campana”.

El gran acierto de Marker es realizar un film tarkovskiano en su contenido pero markeriano en las formas. La coherencia estilística y temática del director ruso permite a Marker establecer complicadas asociaciones entre los distintos elementos usados por el cineasta a lo largo de su corpus fílmico: planos de caballos en La Infancia de Iván encontrarán su correspondencia en los de Andrei Rublev o los sucesivos espejos y cuadros que son observados por el espectador y los protagonistas en films como Solaris, El Espejo, Sacrificio o Nostalgia y que establecen relaciones complejas entre el observador y el objeto observado: el espejo pasa a ser marco y nuestro reflejo otra representación de la realidad en la que nos reconocemos como símbolos.

Film nostálgico y evocador, Un día en la vida de Andrei Arsenevich permanece como una de las más profundas reflexiones acerca del cine del director soviético, un cineasta que creía que partiendo de lo finito y material se podía alcanzar la trascendencia.

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Notas:

1) Tarkovsky, que sufrió a lo largo de su carrera la persecución y la censura del Goskino, el organismo cinematográfico estatal soviético, pide exilio político en Italia, donde se encontraba rodando su film Nostalgia. Las autoridades rusas, fiel a su política, impidieron que su hijo saliera del país. Sólo cuando las autoridades francesas informaron del precario estado de salud del artista el permiso fue concedido.


2) Marker se inspira en el libro de otro importante exilado soviético “Un día en la vida de Ivan Denisovich” de Alexander Soljenitzin.


3) “Mystére Marker: Pasajes en la obra de Marker”. Edición de María Luisa Ortega y Antonio Weinrichter. Carlos Losilla “La espiral es un rostro de mujer”. Pag.148. Publicado por T&B Editores. 2006.


4) La canción “Lullaby of Birdland” fue compuesta en 1952 por George Shearing (melodía) y B.Y. Forster (letra) y hace referencia a Charlie Parker y el Birdland Jazz Club inaugurado en New York en 1949.

9 comentarios:

Liliana dijo...

¡Qué combinación magnífica: Marker + Tarkovsky! Y qué buen texto, Ignacio.
La poesía, la linealidad, el exilio, la imagen, la música, la luz... todo conjugado para no sólo el disfrute del espectador, sino como testimonio de vida y de obra.
Tarkovsky se lo merece. Es uno de los más grandes directores de cine.
Y Marker le hace el honor.

Marc Jardí dijo...

Gracias por el texto, está lleno de información interesante.

Me sumo a los halagos.

Jorge López Fernández dijo...

Un texto magnífico, Ignacio, interesantísimo. Pero escribiendo tan bien me vas a dejar mal como compañero tuyo. :-P

canichu dijo...

te di un premio blog solidario:

http://espiadelbar.blogspot.com/2007/09/noticia-330-desde-el-bar-premio-blog.html

un saludo beso.

Raúl dijo...

Excelente!!!

Raquel dijo...

Mi enhorabuena por este artículo. Saludos.

Camilo Jiménez dijo...

Qu� bueno, qu� conexi�n: apenas exploro este blog... y adem�s de la curiosidad por el nombre y el tema, antes de "sitios amigos" veo la foto de una de mis pel�culas que est�n en mi top ten: Goodfellas. Qu� bueno, por aqu� me pasar�. Tenlo por seguro.

Anónimo dijo...

gracias por la invitación.
magnífico.
cacho de pan.

Marcela Barbaro. dijo...

Muy bueno el texto y la fusión entre esos autores es más que elocuente.
Un buen homenaje a tamaño maestro del cine.