09 julio 2007

¡Que viva la música! (2)

La publicación de un párrafo de ¡Que viva la música! (QVLM) para atender la solicitud de una tocaya de apellido, recibió el siguiente comentario por mail. Enriquecedor comentario, para aquellos que amamos la escritura de Caicedo. No pude guardármelo para mí. Aquí lo publico para quienes comparten conmigo esa pasión.
También utilizo la fotografía que tan gentilmente nos cede Andrés Meza, donde se puede ver cómo está hoy la Remington que utilizaba Andrés Caicedo. Toda una pieza de museo.
Gracias a ambos por su aporte.
LS



María Eugenia Sáez, a quien también pueden leer en Letralia, dice:

Cada caicerista tiene su trozo preferido; el mío es el del concierto de Fania al final con el toquecito del gateo o, alternativamente, el de los hongos alucinógenos y la canción del Niche.

El que mandaste es muy representativo de la parte "musical" de QVLM pero no de su inseparable correlativo: la droga. Y claro que es doloroso unir ambas partes. Pero hay que hacerlo y, en honor a Caicedo, presentar a QVLM en sus dos inseparables mitades. Por supuesto que Cali no es sólo salsa y droga. Pero sí son estos dos componentes lo principal de QVLM. Tampoco París es sólo cafés y snobs existencialistas, pero sí en la obra de un par de parisinos famosos. Ni es París pura grisura y tristeza, pero sí en la Guía Triste de París del peruano Bryce. Bueno, es una opinión, la mía, y no está labrada en piedra como las tablas mosaicas.

El trozo que me mandaste está bien para mis alumnos y te lo agradezco. Es un trozo interesante y sin duda distintivamente caiceriano, marca de fábrica, digamos; pero lo encuentro algo artificioso en el sentido de topos literario: la musica enloquece, los cuerpos trepidan, una frasecita cantada por aquí y otra por allá mi negra y Ay A-lalalá lalalá... El vocabulario se vuelve algo cliché; por ejemplo:

embutir a los bailadores en una tercera realidad, en donde cantantes machos han cambiado de sexo o son entes neutros, y bailar la irrealidad, azotar los caballos enloquecidos, llenar de fiebre las trompetas mareadoras

O en esta otra frase donde Caicedo iba bien (si es que la idea era crear una especie de oración mística en reverso, tipo mallarmiano misanegriano) y hubiera llegado a genial conclusión, si Caicedo hubiera mantenido el tono hasta el final; pero le mete una frase clasemediera como "confunde mis valores" y "abandonándome a la criminalidad"; a ver qué piensas; a lo mejor estoy leyéndole demasiado criticamente:

[Música] me tiro sobre ti, a ti sola me dedico, acaba con mis fuerzas, si sos capaz, confunde mis valores, húndeme de frente, abandonándome en la criminalidad...
o esta en la que la protagonista y el narrador se vuelven un ente racional, :

de nada puedo estar segura, ya no distingo un instrumento sino una eflusión de pesares y requiebros y llantos al grito herido, transformación de la materia en notas remolonas, cansancio mío, amanecer tardío, noche que cae para alborotar los juicios desvariados, petición de perdón y pugna de sosiego.
algo sí que distingo si digo "de nada puedo estar segura, ya no distingo un instrumento sino una eflusión de pesares"; es un intento de Caicedo de apagar el motorcito de la racionalización y no le salió bien. La protagonista, la supuesta rubia tonta y vana, se autoanaliza como si fuera un profesor de lógica puesto a escribir un libro sobre la cultura dionisíaca.

Algo le faltó a Caicedo para llenar los vacíos entre la rubia tonta a la que el narrador mira, en la primera escena, entre divertido y compasivo, y esta fenomenóloga de la escena de arriba. El que está analizándolo todo es el narrador quien, ante los ojos del lector, se funde en María del Carmen sin más ni más, se vuelve un andrógino, un andrógino drogado y melómano, demasiado al tanto de que está abocado a la autodestrucción.

El narrador mirón y sabelotodo, típico narrador masculino de novela latinoamericana de los 70, es mucho mejor en la primera escena, en la que mira embelesado el pelo recién shampuado de su diosa rubia, de ella que es símbolo del sueño particular de él de llegar a ser parte de la clase media-alta, en Estados Unidos de ser posible. Ese narrador absorto, autocomplaciente y burlón, de repente se sorprende a sí mismo en el acto de observar, porque del pelo rubio y límpido de María del Carmen, pasa a verse sus propios bracitos, su falta de fuerza, su falta de masculinidad.

Creo que Caicedo tenía prisa por terminar esta novela. Creo también que es una novela genial. Y sigo creyendo que es de las 10 mejores cosas que he leído de literatura del XX. Soy caicerista hasta la médula.

María Eugenia Sáez

16 comentarios:

Liliana dijo...

María Eugenia,lo que te dije por mail, aquí lo reafirmo:
"Eres caicerista hasta la médula y le has sacado el jugo a la lectura de su obra. Yo no puedo analizarla de esa manera, primero, porque no tengo los instrumentos, y segundo, porque me llega al alma, y todo lo que toca esa parte de mi ser, no tiene defectos, sino virtudes: las de haber encontrado el camino en ese recoveco que es mi exigencia y poder dejarme blandita después de leerlo".
Gracias por compartir con nosotros esa lectura tan enriquecedora. Ya quisiera leer todo lo que piensas de la novela toda.
Un abrazo desde Buenos Aires.

Andrés David dijo...

La red crece. Hace unas semanas estaba hojeando una revista y encontré a Andrés en un título. Leí la historia de una escritora chilena que lo había encontrado y no entendía como era tan poco conocido. Le escribí preguntando por su historia y lo conoció en la última Feria del Libro en Bogotá. Lo leyó y no lo soltó. Eso ocurre.

También ocurre que despierta odios y amores, que en algunos lugares no escribe tan bien como uno quisiera pero incluso en ellos está la magia. A María Eugenia gracias por motivar una nueva visita de Andrés a Kinephilos, a Liliana por seguir abriendo el espacio.

Saludos.

César López dijo...

Me llamó la atención encontrar la reseña de este escritor caleño en el blog de Liliana. Apartes de uno de los libros que por acá le hacen leer a uno en el colegio y que jamás se olvidan y siempre le damos una nueva interpretación.

Mil gracias.

Liliana dijo...

Andrés David, pasa ese enlace. Estará bien leer a Caicedo a través de unos ojos chilenos.
César: ¿te llamó la atención? Creo que este blog nació de la mano de Andrés Caicedo... y Aula Crítica... y todo lo que hago con relación al cine, tiene una buena inspiración en Andrés.
Un saludo desde Baires.

Carlos Torres dijo...

Andrés Caicedo se olvida fácil. Es un escritor menor; es un niño con ganas de escribir sus fantasías locas en una época vivida en blanco y negro.

Buen blog,

Carlos

Liliana dijo...

¡Cuánta juventud hay en esas palabras, Carlitos!
Un abrazo y gracias por la visita.

Andrés David dijo...

No hay vínculo, Liliana. Lo leí en la versión impresa y en el archivo web no encontré esa edición. Si lo encuentro lo envío.

Besos.

Carlos Torres dijo...

Jejejeje

Muchos besos, Liliana.

Te extraño.

Raquel dijo...

:) Ésa máquina... con una como ésa me enseñó mi padre a mecanografiar cuando aún era un niña... Qué recuerdo!

Tatiana dijo...

Los fragmentos que vi de Caicedo publicados aca (la historia del cine y Dracula) y este me parecieron hermosas, asi que sera cuestion de ir a comprarlo/buscarlo nomas.

cacho de pan dijo...

no he leído a caicedo, ni siquiera lo conocía, lo siento, pero creo que un análisis de este tipo cosifica a un autor, gombrowitz diría, ya que una novela, o cualquier obra artística, es más un todo que una suma de componentes.
Un análisis semejante sobre las dos mujeres sabias de la bowles, gran novela, no la destruiría?

Liliana dijo...

Raquel: Yo también tuve alguna vez una máquina así, pero aprendí en una mucho más vieja ;)

Carlos y Tatiana: agradezco la visita y tengan la seguridad de que se seguirán encontrando textos de AC (casualmente las mismas iniciales de Aula Crítica), pues es una especie de guía para mí, como ya lo dije.

Cacho de pan: ¿Sabés que es posible eso que decís? No sí si cosificarlo, pero quizá quitarle la magia del lector ingenuo. ¿Pasará igual con el análisis de las películas? Si las ves desde la inocencia, te atrapan... si las analizás, puede ser que pierdan eso que tienen de maravilloso. Pero cuando ya has incorporado el análisis en tu visionado, ese análisis te permite disfrutar mucho más a un autor, a una peli, una historia, etc. ¿Será a eso que llamas cosificar?

cacho de pan dijo...

est�s en lo cierto, sin duda...estaba pensando en voz, o en letra, alta...tampoco yo soy ingenuo, y hay algo de lamento borincano m�s que de cr�tica en esta reflexi�n, pero es que me duele un poco no poder gozar con frescura de seg�n qu� cosas...si vieras la alegr�a sin vueltas de mucha gente cuando ve a woody en acci�n...yo no puedo dejar de pensar que es una obra de encargo, aunque la historia del arte est� repleta de aut�nticas maravillas que tuvieron una g�nesis similar.

Liliana dijo...

Para mí los verdaderos artistas resisten el análisis más descarnado. Pero con la literatura y la música, prefiero lo que decía en mi primer comentario, no me importa cómo ni en qué circunstancias se han compuesto obras de uno y otro tipo, sino que me lleguen y me trastoquen. Es eso lo que me pasa con Caicedo (aunque tiene una obra teórica y práctica detrás que me ayuda a respetarlo y tomarlo en consideración).
Con el cine siento que soy mucho más exigente, necesito que después del análisis la película no sólo se mantenga, sino que recobre un mayor y mejor significado.
Imagino lo trabajoso que debe ser para Woody filmar con tantos curiosos alrededor. De todas maneras, será una experiencia haberlo tenido en la ciudad... como te dije en un comentario que puse en tu blog, sólo espero que sepa transmitir la esencia de esa hermosísima ciudad.

Mareña dijo...

Liliana: te dejo este enlace que escribió una de las hermanas de Andrés Caicedo con relación a la película QVLM http://www.las2orillas.co/que-viva-la-musica-en-cine-collage-incoherente-de-sexo-drogas-violencia/
tengo la oportunidad que en el taller de escritura la hermana mayor va a estar con nosotros este año.

Liliana dijo...

Lo leí, Mareña, ¡gracias! También he leído críticas muy negativas de la película. No tengo ni un poquito de ganas de verla. Me quedo con las imágenes y sonidos que me ha dejado la novela. Un abrazo.