11 enero 2008

El cine de Park Chan Wook

África Sandonis llega a kinephilos a través de Aula Crítica. La pueden seguir en su blog, que lleva uno de los títulos más poéticos, La luciérnaga de los Lumière, donde escribe sobre el cine que más le gusta.
Para conocerla, los invito a leer este estudio que ha realizado sobre el director Park Chan Wook.
Bienvenida, África.
LS


LA VENGANZA COMO CATARSIS
África Sandonís


Park Chan Wook comenzó como crítico de arte. Tras dos proyectos iniciales fallidos y un exitoso blockbuster, resurgió con la polémica, pero a la vez reconocida mundialmente “Trilogía de la venganza” que le ha situado entre los directores surcoreanos más destacados de la actualidad.
Tres films que tienen puntos de clara conexión, como es su discurso, pero que poseen sus propias señas de identidad.
Hasta hace pocos años, el cine coreano era el gran desconocido para Occidente. Gracias a la acogida y participación de films procedentes de Corea en festivales de gran talla como Cannes, hemos podido ir accediendo a él de forma gradual. Uno de los autores que más han sorprendido en la última década ha sido Park Chan Wook, que con su trilogía de la venganza, en especial Old Boy, que es, de las tres, la que más repercusión ha tenido, impactó tanto por su original estética como por la truculencia de su historia.
Su cine se sitúa entre el radical antagonismo del cine de autor más propio de Kim Ki Duk o Hong Sang-soo y el mainstream. Sabe mantener su arraigo, a la vez que es un cine con fuerza discursiva y de contenido, por lo que está más emparentado con autores como Bong Joon-ho, Kim Jee-won o Lee Myung-se. Tal vez sean éstos los que produzcan un cine más exportable, ya que conservan ciertos códigos en los que el espectador occidental se ve identificado y, a la vez, atraído por determinadas características y modos de hacer, autóctonos del cine coreano.
Pero si bien los comienzos de la verdadera expansión del cine coreano fuera de sus fronteras tuvo lugar a partir del año 98, con la presentación de Motel Cactus en el festival de Rotterdam, el concepto de “nueva ola” se ha ampliado a una gran diversidad de géneros y autores. Cabría preguntarse si esta abierta aceptación e interés vienen apoyados indirectamente por el agotamiento de otras cinematografías reinantes, en las que el cinéfilo cada vez tiene más difícil encontrar proyectos que le motiven y le sorprendan.
El surgimiento de esta “nueva ola” ha sido uno de los fenómenos más curiosos y sorprendentes de los últimos tiempos. Como es natural, la política que se lleva a cabo en un país influye directamente sobre el tipo de cine que se desarrolla en él, y en el caso de Corea del Sur, la larga transición democrática, tras la abrupta ruptura de la dictadura del general Park Chung-hee en 1979, sumado a la etapa de grave crisis económica que sufrió el país, coincidiendo con el triunfo del Partido Democrático del Milenio en 1997, liderado por Kim Dae-jung, quien maniobró de forma exitosa para sacar al país de esa gran crisis en que estaba sumida, han tenido sin duda una repercusión destacada en el cine que se ha venido realizando en Corea del Sur en los últimos treinta años.
Park Chan Wook nació en Seul en 1963. A diferencia de sus colegas coetáneos, Wook estudió Filosofía en la Universidad Católica de Sogang, lo que resulta altamente significativo, ya que sus principales influencias son escritores y filósofos.
Podría decirse que la carta de presentación de Park Chan Wook en Occidente fue en 2003 con Old Boy gracias a su éxito en el festival de Cannes. Este empuje, relativamente tardío en lo que se refiere a su filmografía, ha servido para hacerse un hueco, aunque minúsculo, en festivales de primera línea y como consecuencia, en las salas de cine, donde hasta la fecha se han proyectado a duras penas tanto Old Boy como Sympathy for lady Vengeance.
Si hacemos referencia a sus anteriores trabajos, es importante destacar que son obras inéditas en nuestro país, algunas de ellas ni siquiera disponibles por internet. Sus dos primeros trabajos como realizador fueron Moon is the sun dream en 1992, y Trío en 1997. Este primer periodo dentro de su filmografía fue, sin duda, el peor bache por el que ha pasado, en el que llegó a cuestionarse su futuro como realizador. Ambos films fueron un auténtico fracaso. Con el tiempo él mismo se ha declarado muy negativo con el resultado de estas dos películas. Dos años más tarde, rodó un corto de unos 26 minutos llamado Judgement, donde se comienzan a vislumbrar las señas de identidad que han ido definiendo su cine posterior.
En 2000, JSA se convirtió en uno de los taquillazos del nuevo resurgimiento del cine local. Marca el punto álgido a partir del cual el cine nacional tendrá una presencia más que importante en las taquillas tras una etapa en la que la mayoría del cine que triunfaba en las carteleras era de procedencia hollywoodiense. JSA está enmarcada en el cine acerca de la división nacional y la política de acercamiento entre las dos Coreas (que llevó a cabo Kim Dae-jung, por lo que le concederían en 2000 el Premio Nobel de la Paz) que tanto gusta al espectador surcoreano, tal vez por el deseo de reunificación. El film está basado en una novela de Park Sang-Yeon, que sitúa la trama en el área limítrofe en el que conviven soldados de las dos Coreas. Este interés y preocupación por la fragmentación del país también podemos encontrarla en otro de los films que significó un gran éxito de público como es Shiri (Kan Je-gyu, 1999), y más tardíamente en Lazos de guerra (Taegukgi hwinalrimyeo, 2004).

En 2002 realiza Sympathy for Mr. Vengeance. Se trata de la primera película de la que a posteriori vendrá a llamarse “la trilogía de la venganza”. Es importante tener esto en cuenta, ya que ésta no es una obra que se gestó de antemano en tres partes, sino que ha sido fruto de proyectos planificados individualmente de manera espontánea. Este dato hace que nos preguntemos qué impulsa a Park Chan Wook para que, en un breve período de tiempo, cree tres largometrajes y un mediometraje en los que reformula y escudriña el elemento de la venganza. ¿Por qué despierta en él este interés casi obsesivo por ese sentimiento tan pasional y ardiente como autodestructivo y en ocasiones irracional? Puede que la respuesta esté en parte justificada por, las que él mismo ha declarado, sus influencias más destacadas. Autores como Sófocles, Shakespeare, Kafka, Dostoievski, Balzac, K. Dick, Stendhal, Austin son los cimientos sobre los que Park Chan Wook ha ido definiendo y desarrollando su propia creatividad. Con solo hacer un repaso rápido y nada exhaustivo en las obras de dichos escritores, hallamos, en algunas de ellas, claras referencias a la venganza. En Hamlet y Macbeth de Shakespeare, como en otras de sus tragedias más reseñadas, este sentimiento tiene un papel primordial que recorre sus historias a lo largo y ancho. Existen otras muchas obras de autores influyentes que retratan la venganza de una manera similar a como se plasma en esta trilogía. La evidencia de los impulsos y las bajas pasiones del ser humano son elementos que encontramos en Edipo Rey de Sófocles, famoso por sus tragedias griegas en las que subyace el componente de la venganza, o en la premisa de la que parte Honoré de Balzac, con una de sus frases más recordadas “En la venganza el más débil es siempre más feroz”. Siempre el ser más débil y castigado consigue reunir las fuerzas suficientes para acometer el acto que le otorgue la redención. En La prima Bette (1846) narra una historia corta sobre una anciana pobre que planea una venganza sobre sus parientes. También en Rojo y negro de Stendhal comprobamos esta conexión. El autor contempla este sentimiento como una de las pasiones más oscuras del alma humana. El amor y la traición van dados de la mano del ansia de resarcirse y la necesidad de llevarla a cabo, que es donde aparece el crimen sin piedad ni compasión.
En estos tres films de Park Chan Wook, los personajes se mueven en un universo oscuro, denso y claustrofóbico, algo en común con las historias que escribió Kafka. En varios de sus escritos aborda la deshumanización y el desamparo del individuo ante sombríos poderes (El Proceso, El castillo). Estas son percepciones que se apoderan de los personajes de Park Chan Wook, como podemos ver en la impactante secuencia en que Oh Dae-su sufre desasosegantes visiones de auténtica pesadilla, fruto del aislamiento del que es víctima, y la falta de comunicación con otros seres humanos, en las que cree ver cómo cientos de hormigas recorren su cuerpo de manera frenética. Parece que el paralelismo con Gregor Samsa y su metamorfosis es evidente cuando se encuentra al despertar dentro de su habitación, transformado en un insecto, sin encontrar explicación alguna a tal hecho.
Sin duda su influencia cinematográfica más importante es Alfred Hitchcock, gracias al cual descubrió su fascinación por el cine, tras el visionado de Vértigo, 1958. Hitchcock en 1955 dirigió un episodio para su serie televisiva llamado “Venganza”.
Con Sympathy for Mr. Vengeance, su primer acercamiento al mundo de la venganza, a Park Chan Wook le han llovido las críticas, sobre todo en su propio país, después del gran éxito que supuso JSA. Un amplio sector que apuntaba a que su cine hace apología del “ojo por ojo”, abiertamente a favor de un sentimiento que debería ser reprimido, ya que provoca destrucción. Sin embargo, la que suscribe estas líneas opina que Park Chan Wook, en esta ocasión, como ocurrirá con el resto de las entregas, propone un discurso sobre la venganza, que para el espectador llega a suponer un dilema moral. Nos enfrentamos ante sentimientos encontrados con respecto a los roles que juega cada uno de los personajes. No encarnan posiciones absolutas. Es el caso de Sympathy for Mr. Vengeance, donde el secuestrador comete un acto reprochable, movido por causas tan de fuerza mayor, que en algún momento podríamos comprender como “justificadas”. A la vez, sentimos una gran empatía hacia la parte afectada y víctima, cuya causa entendemos como merecedora de ser vengada. Park Chan Wook no alecciona, ninguna de sus películas aportan una moraleja final, solo narra una historia y el espectador es el que juzga si lo que acaba de ver se corresponde con los esquemas que en cierta manera todos contemplamos como moralmente correctos o si la propuesta fílmica que nos ofrece cruza la frontera para adentrarse en el terreno del mal gusto y el sinsentido. Este dilema se le presentará al respetable público con cada uno de sus films.
La primera entrega, Sympathy for Mr. Vengeance, contrasta con respecto a las otras dos, desde el punto de vista formal, por su austera puesta en escena: La ausencia de banda sonora, la fotografía en tonos grisáceos-verdosos y la utilización de planos silenciosos y dilatados que incitan a la reflexión. El tratamiento de la fotografía a lo largo de la trilogía resulta muy diferente, pero en todos los casos con un alto grado de carga simbólica. El cuidadísimo e innovador montaje de Old Boy, junto a su colorista fotografía que excita la imaginación, nos recuerda la estética típica de los comics (no es casual que la idea original parta de una novela gráfica) y del arte pop, con ese recurso iconográfico en algunas escenas. El plano secuencia en que Oh Dae-su se enfrenta a una veintena de hombres, sin duda es una de las “hazañas” narrativas del film, digno de ser recordado. ¿Tendría Park Chan Wook en mente el famoso plano secuencia de La soga (Hitchcock 1948)?
En Sympathy for Lady Vengeance, la utilización de los colores blanco, rojo y negro tienen una importancia esencial en la composición, cuyo significado visual son la purificación, la violencia y la pasión en forma de venganza, que constituyen los puntos de conflicto situados en polos opuestos, pero a la vez convergentes en la figura de Lee Geum-ja. Tanto la alegoría del pastel de tofu, como la de la sombra de ojos roja en contraposición con la tez blanco angelical de Lee Geum-ja en los momentos en que prepara la gran venganza, son plenamente significativos. Uno de los recursos narrativos más empleados por Park Chan Wook es el flashback, que ya empleó en JSA y tiene una mayor presencia en Symphathy for Lady Vengeance, donde es utilizado magistralmente para narrar la vida en la prisión de Lee Geum-ja. La música, tanto en Old Boy como en Symphathy for Lady Vengeance es una de sus mejores armas estilísticas, ambas bandas sonoras originales son del mismo compositor (Jo Yeong-wook), quien también se encarga de las partituras de JSA y de su último film I’m a Cyborg but that's Ok. Esto demuestra que a Park Chan Wook le gusta trabajar con gente de confianza en quien poder depositar parte del trabajo clave de sus cintas, como también ocurre con las interpretaciones. Sus actores fetiche por excelencia son Choi Min-sik (víctima en Old Boy y verdugo en Symphathy for Lady Vengeance), Jo Ji-tae (el secuestrador en Old Boy y el “niño crecido” en Symphathy for Lady Vengeance), Lee Yeong-Dae (con papeles protagonistas en JSA y Sympathy for Lady Vengeance), Kang Hye-Jeong (Mido en Old Boy, pianista en Cut) y otros actores con papeles secundarios como Kim Byeong-ok y Oh Kwang-Rock.

Las figuras centrales de la trilogía están atrapadas. Viven en un aislamiento del que son víctimas y del que añoran salir. En el caso de Old Boy y Sympathy for Lady Vengeance, ya no para retomar su vida anterior, sino para llevar a cabo la venganza que han planeado detallada y minuciosamente, durante esa etapa de reclusión, cuyo factor acuciante es el tiempo. Para Oh Dae-su, un tiempo de incertidumbre, que toma forma en quince largos años sin saber el porqué ni quién le ha llevado a esa situación. Geum-ja cumple trece años de condena por asesinato, que le sirven para hilvanar centímetro a centímetro su estrategia, que cuenta con la aportación de algunas compañeras de celda para la confección final. Sin embargo, en Sympathy for Mr. Vengeance, ese aislamiento viene impuesto por un entorno de marginalidad y desigualdad frente a un sistema que, a todas luces, alimenta estas injusticias sociales. Ryu es un chico joven sordomudo, lo que acentúa esa barrera y distanciamiento que sufre. Su situación familiar es difícil. Su hermana, con la que vive y a la que cuida, padece una grave enfermedad que precisa un transplante de riñón. Pese a trabajar durante largas jornadas en una fábrica, esto no es suficiente para poder alcanzar el coste que le supondrá el transplante. Aquí la venganza no es fruto de algo tan planificado ni meditado, sino de la ira e impulsividad del momento. Porque en esta cinta, parece que lo que desata la cascada de violencia sin retorno es un simple y trágico descuido de Ryu, inesperado y sin ninguna intencionalidad. Por eso, quizás, sea en este film en el que las cotas de tragedia terminan desbordando al espectador. Tanto Oh Dae-su como Ryu, cometen un error de base que tendrá una gran repercusión en sus vidas que sin poder controlarlo, marcará el camino por el que transcurrirán los hechos posteriores. En el caso de Oh Dae-su, no será consciente hasta mucho más tarde, cuando ya todo haya saltado por los aires,
Park Chan Wook utiliza la violencia en sus films como herramienta, no como fin. Por eso el tratamiento que hace de ella no es explícito. Tiene la habilidad para insinuar y no mostrar directamente de qué manera se llevan a cabo los actos de violencia, dejando fuera de plano aquello que está ocurriendo y que solo deducimos, porque en ocasiones, nuestra imaginación puede ser más retorcida y macabra que una imagen expresa
El leit motiv que mueve a Ryu, Oh Dae-su y Lee Geum-ja es la venganza. Sin embargo, tras verse satisfecha, las expectativas futuras que les quedan no son nada halagüeñas, quedan sumidos en un vacío existencial.
Algo a destacar es la magnífica combinación de los momentos más trágicos con pequeñas incursiones cómicas, que en su mayoría provienen de los puntos más macabros.
Park Chan Wook ha desarrollado con éxito la trilogía de la venganza, pese a la falta de apoyo en su propio país por la temática que trata. Coherente, reafirmado en su estilo visual que mezcla en su justa medida lo real con lo onírico y lo surrealista, ha demostrado la importancia que tiene para él la forma y el lenguaje cinematográfico.
Con su último trabajo I’m a cyborg, but that’s Ok, cambia de tercio radicalmente, para contarnos una comedia romántica. Ya escucho cómo ciertos sectores empiezan a frotarse las manos, deseosos de presenciar cómo Park Chan Wook se mete el batacazo, mientras que otros aspiramos a descubrir las nuevas facetas de este director, que ha aportado una nueva luz dentro de un panorama gris. Sin embargo, Park Chan Wook, siempre ajeno a dichas críticas, seguirá su criterio gracias a la libertad de creación de la que goza.

9 comentarios:

Liliana dijo...

Sólo he podido ver "Old Boy" y realmente encuentro ese universo que describes. Opresivo, trágico, pero para nada cerrado al humor.
Muy buen trabajo el tuyo, bien documentado y completo.
Gracias por tu aporte.

gian dijo...

Hola:
navegando por la red he visto tu blog, me he parado para descansar y lo he explorado, me gusta mucho. Ahora continuo mi viaje. Cuando quieras ven a ver mi blog.
Ciao.

Pepe dijo...

Hola África!! Estoy de acuerdo con Liliana, está muy bien documentado. He podido ver la trilogía de la venganza y creo que es un autor a tener en cuenta. Tu blog es muy bonito. Un abrazo

José Luis Dana

Jazznoize dijo...

Solo he visto Old/boy, agradezco el artículo, muy educativo.

Marcela dijo...

También solo he visto Old Boy y me pareció un film muy vital, trágico y con mucha fuerza. Esperaré la trilogía, que bien describís.
Saludos.
Marcela Barbaro.

Raquel dijo...

Muy interesante el artículo.

África dijo...

Muchas gracias por esta bienvenida.Como bien dice José Luis, Park Chan Wook es un realizador a tener muy en cuenta. En Sitges, pude ver su último trabajo, en el que deja a un lado la temática de la venganza en la que tanto ha profuncizado, para cambiar de tercio con una comedia nada típica, en la que sabe mantener su seña de identidad, y que fue merecedora del premio al mejor guión.

Un saludo a todos.

Roberto A. O. dijo...

Africa, soy Roberto. Casi descubro por casualidad esto. En fin, por Sitges y ni nos vimos....ainsss..Muchos besos.

alexandre blanco rodriguez dijo...

la redencion esta en las dos ultimas cintas en el final de ambas los personages optienen paz atraves de su venganza escena final se lady vengeance cuando entierra la cara en la tarta y dice que le ofrecera una vida blanca a su hija y luego se va es un final precioso a mi parecer y en odl boy el olvida el secreto y se queda con mido ahi tambien hay paz al final del tunel