22 junio 2007

El laberinto del fauno...

...O UN MUNDO CRUENTO NARRADO MARAVILLOSAMENTE
Marcela Barbaro


Dos realidades antagónicas, dos maneras de entender al mundo, dos concepciones del hombre. Por un lado, un régimen totalitario habitado por una opresión asfixiante, una censura capaz de coser las ideas sobre los labios y donde la intolerancia posa su mirada fulmínea hacia todo lo diferente, lo singular, lo auténtico. Un espacio de voraces abusos al espíritu, al pensamiento, al sentir. Por el otro, está la libertad que da tregua, el amor como condición indispensable de felicidad, la vigencia de la inocencia y de la infancia que no se cansa de jugar en los rincones de cada hombre, un lugar donde se cree en el poder mágico de la fantasía como del sueño, un espacio donde se puede planificar la probabilidad de un mundo mejor para vivir. En el primero, está el franquismo y en el segundo, una niña y tantos otros.

Bajo esos opuestos, El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, es una alegoría que nos traslada hacia la caverna de las ideas platónicas, pero de manera invertida, como el libro “Patas arriba. La escuela del mundo al revés”, de Eduardo Galeano. Porque los valores universales, rectores de principios existenciales que rigen y se bifurcan sobre el mundo o sobre aquella caverna, en lugar de estar arriba, se han alterado; se han cortado de cuajo sus raíces, como si nunca se hubiesen reflejado. Todo se ha revertido y alterado. Lo malo en lugar de lo bueno, la ambición en lugar de la solidaridad, la resistencia en lugar del bienestar.

Sin embargo, y a pesar de esa alteración, aún existen esos valores inalterables, y eso es lo bueno, aunque estén escondidos bajo la humedad de la tierra y representados por un rey, una princesa y un fauno, y también por muchos hombres capaces de luchar contra la opacidad de una sombra que los circunda con nombre y apellido, una oscuridad que no merece nombrarse más, una pesadilla a olvidar y a la que han vencido por tenacidad y templanza.

En ese segundo mundo, el de la niña y el de tantos otros, se desea fervientemente poder salir hacia la luz de un cielo que no los doblegue, que no les arrebate su identidad y su esencia, y que les permita seguir soñando con hadas maravillosas.

12 comentarios:

Liliana dijo...

Un "cuento" narrado maravillosamente (no sólo por lo bien narrado) sino por lo maravilloso que interviene en ese "mundo cruento".
Ya lo he dicho en algún comentario, pero este film me llevó a los años 70, cuando Saura hacía un cine cifrado, sólo legible entrelíneas, cuando Erice nos narraba una infancia con elementos que parecen haber inspirado a Guillermo del Toro.
Quizá se haya nutrido de aquellos maestros, en una de esas cargó las tintas con la violencia (no lo digo tanto por el referente, sino por el espectador), pero le quedó un film redondito, salvo al final, cuando Federico Luppi y su inconfundible acento argentino me distanció de tal manera, que sentí la butaca en mi espalda y me di cuenta que ya era hora de irse del cine.
Tu nota es emotiva y evidentemente, te encantó la peli.

Raquel dijo...

Qué placer leerte, Lili, y qué ganas me han dado de ver la película. Besos.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Yo fui a verla sin muchas esperanzas, porque no confío en el cine español (que también lo es, aunque en realidad sea mexicano) y porque Del Toro nunca me ha llamado la atención.

Pero salí encantado porque me pareció un cuento precioso, una historia muy bien narrada (a pesar de que hay una escena, la del descubrimiento de la mandrágora debajo de la cama, que me rompe la esencia mágica de la fábula), con actuaciones sobresalientes en su conjunto (sobre todo Sergi López) y con un final, acentos argentinos algo molestos aparte, realmente bonito.

Y ojo a la preciosidad de música que compuso para la ocasión Javier Navarrete.

Liliana dijo...

Gracias, Raquel. El artículo es de Marcela Barbaro. Y sí, creo que te gustará.
Bienvenido, Juan. Veo que tienes un blog de cine. Ya me tendrás por allá de visita.

MAREÑA dijo...

Marcela lo ha dicho todo, a mí me encantó porque es un tema que me fascina, al principio sentí que todo era plano, me aburrí por momentos pero el tema estaba tan bien trabajado que no podía dejar de verla, me gustó la actuación del fauno, un ser feo, a veces parecái malo otras bueno, esa dualidad me llamó la atención.

Raúl dijo...

"Sólo las gentes como usted obedecen sin más ni más, sin preguntar".
Dos veces la ví, dos veces la disfruté. Gran trabajo de Del Toro.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Gracias, Liliana. Hace tiempo que me paso por aquí pero, es verdad, no me había dado cuenta de que no me había presentado todavía en los comentarios... Enhorabuena por tu blog, y encantado de que aparezcas por el mío cuando quieras.

Marcela Barbaro dijo...

Gracias por su comentarios.
Saludos,

Marcela.

Anónimo dijo...

Como ya no està en cartelera, habrà que conseguirla y verla en casa.- Es que este espacio, con sus notas y comentarios tan interesantes, obliga a no perderse un montòn de pelìculas, orièntàndonos siempre hacia lo mejor.- Personalmente me ayuda a "observar", ademàs de mirar y disfrutar plenamente.-
Gracias a todos.- Lala

canichu dijo...

A mí esta película me parece de lo mejor de la cinematografía española, aunque se le haya adjudicado a México por el autor. Cuando la vi la combinación de realidad y fantasía me pareció una gran idea en ese contexto, y tan faltos los españoles de esa combinación romántica, siempre más dados nosotros en nuestro arte al realismo o en todo caso al humor negro. Ahora bien, creí comprender, al menos como reflexión propia al verla, que la presentación de esrta historia así no sólo era fruto de la creatividad de Del Toro, sino también necesidad. En una España donde se habla de memoria histórica, pero nadie quiere tocarla y si se hace es para peleas con personas que piensan diferente, se ha tratado la represión franquista del primer momento, el de filiación fascista y NAZI de la dictadura, y ese es el mesaje que se manda al espectador, la curdeza de aquellos años, desde una visión fantástica, de alguien que huye de la realidad. Buena parte de la película es una metáfora, pues aún hay muchos que quieren cerrar los ojos a aquella realidad o huír de ella, no saber de ello, ya sean de derechas o de izquierdas. ¿Hubiera ido tanto público en España si el argumento se hubiera presentado como un drama sin fantasías algunas? Posiblemente no, y posiblemente hubiera tenido montones de resquemores alrededor El final, el del bebé, el padrastro, la guerrilla, la niña... lo entendí en dos contextos, el de la historia de la película y el de la metáfora de la Historia de España, la que moría, aunque fuese el presente, y la que estaba por venir.

Liliana dijo...

Yo también la vi como esa metáfora, Canichu. Y es posible que haya sido necesaria en un momento como éste. Ojalá que sirva para despertar conciencias.

Anónimo dijo...

Benito dijo...
Si bien es cierto que el realismo puede integrarse tanto al melodrama como a lo extraordinario,y no excluye ni se opone a la ficción o al sueño, como se ha expuesto en tanros filmes, creo que su interacción tiene implicancias más éticas que estéticas.A mi modo de ver, el film de Del Toro propone una encadenación de imágenes que deja una lectura de un todo prestablecido.Desde su inicio,sus personajes son individualizados rápidamente, a partir de ua puesta de escena que se torna repetitiva,y que por momentos "desactiva" el film,y lo hace meramente expositivo.No hay nada que fuerce nuestra búsqueda de sentido,más allá de los paralelismos que ya fueron señaladosy el oscurantismo que abreva en las series negras de Goya o las ilustraciones infantiles de Rackhman.
Sin dudas, antes que la mirada infantil de Ofelia,que ya sabe discernir de antemano entre lo bueno y lo malo, me conmueve más el rostro inescrutable de Edmund en "Alemania Año Cero"..