21 mayo 2007

La vida de los otros (2)

Elena Castiñeira de Dios



La lectura de los comentarios sobre La vida de los otros me dejó un poco sorprendida. No eran los comentarios habituales de “Me gustó muchísimo” o “No me gustó”. ¿Por qué tanto desprecio por una película que arranca el aplauso espontáneo en los cines?

He oído las más diversas opiniones sobre la película, algunas muy ideologizadas, otras con una carga afectiva demasiado grande y otras centradas en el arte, en el efecto de catarsis del arte, en este caso, de la música como motor del cambio, algo así como que las manifestaciones del arte te hacen bueno, cosa absurda si las hay. La gran admiración que tenía Hitler por Wagner y por las obras maestras de la pintura son el ejemplo más grotesco de que la emoción estética que produce el arte no tiene nada que ver con la bondad. Tiene que ver con la felicidad que produce la belleza con mayúscula, no con la bondad, ni siquiera en minúscula.

A mí no me pareció que el aspecto ideológico fuera el más interesante, la ambientación en una dictadura en decadencia, como tantas en todas partes del mundo, del mismo signo o de signo contrario. Sí me atrajo ese hombre seco, estéril afectivamente, aislado, de pronto alterando su rutina profesional en la que no pone nada personal ni íntimo sino solamente una eficiencia en su tarea técnica. Me gusta pensar (y no soy nada ingenua), que tuvo una pequeña fuga, un breve momento en el que, por una fisura en sus controles, dejó escapar algo humano, producido por la vida de esa actriz que lo conmueve a tal punto, que comete la gaffe tremenda de acercarse a ella, de mostrar su cara. Él es su público y la admira; ella, cuando actúa, lo conmueve apenas, algo, poco, pero para él que está seco, es como un huracán incontenible.

Él no cambia, no “se vuelve bueno”. No. Sencillamente, hace un gesto diferente solamente en un momento. Después, sigue igual, impasible, inconmovible, llevando adelante otro trabajo con la misma eficiencia que el anterior. No elige dejar su tarea de espionaje, lo echan. En él nada se altera. Todo sigue igual.

Creo que lo que mueve a tantos comentarios apasionados es que horroriza poder aunque sólo sea, considerar, que un hombre con esas características, pueda sentir algo parecido a lo que sentiríamos nosotros. Nos calma, como plantea Foucault en “Vigilar y Castigar”, el poder colocar, encasillar, tanto a los malos como a los locos, en algún lugar cerrado; nos tranquiliza encerrarlos en un espacio alejado de nuestros espacios y así dejar en claro que somos diferentes. Hay lugares para los malos: las cárceles, por ende, si nosotros no estamos en las cárceles, somos los buenos. Nuestro Superyo, feliz y satisfecho. La culpa está en otros que no se nos parecen y, de paso, nosotros no tenemos ningún rasgo parecido a esos monstruos de la humanidad, pero ninguno ¿eh? Que quede claro.

Los mecanismos de identificación que se juegan en el cine, a veces, atentan contra nuestro equilibrio (¿precario?) mental. Cuando una película angustia mucho, cuando salimos del cine con un desasosiego inexplicable, en general, es porque no encontramos ningún punto de identificación en ninguno de los personajes con los que nos acabamos de topar y quedamos como suspendidos en una alteridad desesperante. Me acuerdo de Paris Trout que casi me liquida. Me dejó abismada por tres días y no encontraba el porqué. La historia no tenía nada que ver con mis fantasmas ni con mis dolores, con mi pasado ni con mi presente, con nada. Eso era: con nada. Ese espanto que produce lo inhumano, creo que es lo que tanto moviliza en esta película.

Lo que me pareció muy verídico es que la formación intelectual de los que se dedican a esa tarea insalubre para cualquier ser sensible, hace que graben horas y horas de estupideces. Cometo la infidencia de contar que una vez, un querido amigo, después de años de dictadura en nuestro país, me hizo llegar un informe sobre mí que había llegado a sus manos, que era delicioso: señalaban con fecha, día y hora, que se había visto mi automóvil (un Fiat 600 rotoso), estacionado a dos cuadras de la embajada rusa el día del aniversario de la revolución. Lo encantador es que allí, justo en esa puerta, vivía una de mis primas pero, en su bestialidad, el informe daba a entender otra cosa.

Ya les decía que nos calma mucho ser de los “vigilados” y no de los “vigiladores”, tener la confirmación de ser las víctimas y no los victimarios. Así somos los buenos y dormimos tranquilos.

13 comentarios:

Liliana dijo...

Es cierto que esta película, al menos yo, no he podido verla con cierta distancia, ni he podido razonar lo que ha desatado en mí, esa especie de enojo, incredulidad, en fin... que seguramente debe tener que ver con los motivos que explicás en tu nota.
Lo que sí es cierto es que esos monstruos a los que no nos gusta parecernos, que dejamos de aquel lado de la acera, para no tener que ver con ellos, los va construyendo cada sociedad. Lo que asusta es que, como parte de esa sociedad, hasta dónde somos responsables de su creación.

Raúl dijo...

Elena, sólo para reconfortarte (si es que puedo): no está nada mal que en este sitio no aparezcan comentarios limitados a simples fórmulas del tipo "me gustó", "no me gustó". Por el contrario, creo que han dado y, seguramente, se darán debates de más alto nivel. Ahora bien, desde esta perspectiva, no creo haber leído (ni escrito) comentarios que desprecien la película. Es más: en mi caso personal, jamás me doy el lujo de despreciar una película. Pero eso sí: espero que las películas me dejen dialogar con ellas con toda contundencia; para bien y para mal.
Un saludo afectuoso.

Anónimo dijo...

HTML-Dice Benito..
El comentario que nos acerca Elena, paradójicamente,no deja también de sorprenderme.
El juicio indistinto de un film, encierra una precariedad en su mirada que nos lleva, indefectiblemente, a su rápido olvido.Una "rememoración provisoria", como diría el filósofo y ensayista Alain Badiou, ya que no existe norma con la cual pueda contrastarse.
Tampoco pude apreciar manifestaciones de "desprecio" hacia el film en las notas que se presentaron, ya que ello implicaría una fuerte dosis de negación de la obra, situación que no parece coincidir con los conceptos y el debate que ella misma promovió.
A tono con cierta concepción crítica, opto por desinteresarme de aquellos juicios que recurran al gusto o a una concepción ideológica determinada, sino hacer uso de aquellos que me permitan extraer conclusiones acerca de cómo se trató esa idea o interrogarme sobre la revelación de la misma.

canichu dijo...

pero es que lo político no está reñido con lo humano, no son departamentos estancos, y según lo humano de cada uno actúa de un modo u otro, y esas acciones llevan a repercutir en otras acciones de su vida. Ni todos viven en arte continuamente, ni en politica, ni en nada, todo está mezclado y así es como se construye. Cuando yo comenté desde la Historia, una Historia bajo líneas políticas, también lo hacía desde lo humano, pues es desde las insatisfacciones personales del personaje, que el personaje cambia y afecta a su trabajo, que no es otro que ser miembro de la stasi, que, se supone, mantiene el régimen. No está reñido o separado, está todo junto.

Liliana dijo...

La película se las trae, sino no hubiéramos gastado dos minutos en pensar sobre lo que ha desatado en nosotros: indignación, admiración, credibilidad, reflexión... Quizá que venga "coronada" por un Oscar sea lo que intente darle un crédito que no todos compartimos. Pero creo que el film ofrece pliegues para recorrerlo, y eso siempre se agradece en una película. Sigamos...

cacho de pan dijo...

no quiero confusiones con este film: oh!, que se hable mal pero se hable, no es mi estilo...la comento exclusivamente porque no puedo creer que algo tan oportunista, chato y arbitrario haya podido convencer a un montón de gente... aunque si pienso en cuántos discos vende paulina rubio...

Juan Cosaco dijo...

A mi, simplemente, esta peli me hace pensar, que ya es bastante.
El agobio que puedo sentir al verla, creo, es debido a los aspectos que refleja de mi y de mi entorno.
Yo me veo, aquí en el blog y cuando escribo cartas con mensajes socio-políticos, como los escritores de la peli. No me van a meter en la cárcel, pero ya os digo que en mi trabajo no me ayudaría nada de nada.
¿Torturas, escuchas, gente encarcelada por artículos...? si, me agobia ver lo que tenemos de fascistas en nuestra sociedad.
Salud!

canichu dijo...

pues yo vi la película sin saber que tenía un oscar.

Roi Piñeiro dijo...

Es una gran película, un merecido Óscar, una actuación espectacular y una invitación para reflexionar sobre el precio de la verdad y la democracia. "¿Se lo envuelvo para regalo?", "No, este es mío". Un final que con los años terminará haciendo historia.

Raúl dijo...

roi... con todo el respeto que me merece tu opinión, te doy la mía: esta película será olvidada más temprano que tarde.

zbelnu dijo...

A mí me sorprendió que me la recomendaran tanto. Estaba bien hecha, todo correcto, bien los actores, pero demasiado convencional. Los aplausos me irritaron, era como si la gente de aquí pensara: oh, qué horror, la dictadura comunista. ¿Y qué se creen que teníamos aquí? Algo muchísimo peor, donde ni siquiera estaba la ética social del comunismo. Salí malhumorada del cine. Pero el cine es subjetivo. Como dijo Proust, cada uno pone la lupa en un aspecto, ve cosas que los demás (o no todos) ven.

Juan Cosaco dijo...

joder, roi, edita el mensaje y borra el final, que no me parece nada bien que lo hayas puesto, ¿no te parece?
Salud!

Vigi dijo...

Excelente filme y mejor post.

Un saludo, ah Liliana mi último post trata sobre Metróplis y la arquitectura.