13 agosto 2007

Mi encuentro con el cine

Marcela Barbaro

Mi encuentro con el cine fue de la mano de mi padre alrededor de los seis años. Los juegos tramposos de la memoria hicieron que no recuerde a qué cine fuimos. Lo que sí persiste, con la misma nitidez de entonces, es mi mano agarrada de la suya hasta llegar a un teatro de Buenos Aires plagado de butacas coloradas y suntuoso telón donde proyectaban una película, también veo aquel largo piloto de color claro que siempre usaba, y el sabor en mi boca de la menta bañada en chocolate, que aún se vende, y que siempre me compraba. Gracias al amor que él sentía por el arte, su valioso legado vive en mí como puede.

Mi homenaje a ese primer encuentro, a esa primera experiencia, lo dejo en esta poesía, que trata de acercarse a lo que fue aquel día.


A partir de los Lumière

El cine rasgó la membrana de mis párpados
y nunca más volvieron a cerrarse,
atrás quedaron la sombra y la oscuridad
que me separaban del sortilegio cautivo de sus imágenes.

Mis ojos se enamoraron de él inmediatamente,
quedaron sujetos a la poesía oculta de su flujo
al juego variable
entre tiempos y espacios
quietud y movimiento
abundancia y despojo.

¿De cuántos sueños se formó su misticismo?

Como correlato del tiempo:
su mudez,
decidió un día romper su mutismo
el blanco y negro,
una noche melancólica se emborrachó con colores
las cámaras hartas de su inmovilidad,
salieron rebeldes a estirar sus piernas.

Lo único que no cambió es la fidelidad de mi mirada,
aún me encuentro con El Globo Rojo atado a mi butaca.

11 comentarios:

Liliana dijo...

¡Qué hermoso homenaje! (a tu papá, al cine). Siempre hay un adulto "culpable" y creo que lo llevamos con nosotros cada vez que vamos al cine.
Un abrazo, Marcela.

Raúl dijo...

Lamorisse... "culpable" de la iniciación de unos cuantos...
Hermoso homenaje.

Carlos dijo...

Sabes,Marcela,yo conservo ese piloto al cual haces referencia...
Ya no lo usamos...ni tu padre ni yo,pero sigue siendo un vìnculo de tela trajinada en el cariño y la memoria.
Carlos
( el que aùn puede aceptar ciertas impertinencias)

Anónimo dijo...

Marcela, me maravilla tu sensibilidad y percepción sobre tu vida y la vida. No pierdas esa capacidad de asombro que sabés plasmar en tus poesías y narraciones .
Gracias por emocionarnos
Ketty

Anónimo dijo...

Nuestros padres nos dejan un legado, que conservabamos y al que nos aferramos con pasión sin límites.
Con el mío compartimos el placer de escuchar radio, los silencios reflexivos, el orden y la acción, la lectura, el ser solidarios y el involucrarnos en todo lo que hacemos.
Al mismo tiempo, me ha emocionado hasta las lágrimas tus palabras, el poder expresarlo así, y el verte nuevamente como si fuese Daniela la que allí se manifiesta.
Gracias por compartir esto Marce!!!
Neris

cacho de pan dijo...

tengo que pensar cuál fue mi primera vez, no la recuerdo.
gracias por obligarme a este ejercicio que tú has hecho tan bien, acompañada de le ballon rouge y lamorisse.

GLORIA dijo...

Marcela:

Qué don te dio Dios para expresar en tan pocas palabras tanto?...tu poesía pasó a través de mi no solo como palabras sino como una película que me estaba mostrando la situación, el lugar, tu papá, a vos siendo pequeña y la pantalla del cine que no recordás el nombre. Como me lo hiciste imaginar en blanco y negro y como de golpe mis ojos se tiñeron con colores para verlo como hoy en día....que talento!! GLORIA.

Marcela Barbaro dijo...

Muchas gracias a todos por sus comentarios.
Un abrazo.
Marcela.

Raquel dijo...

Por un momento me has recho revivir mi infancia de domigo, irremediable, hermosa y entrañablemente unida al cine y a las golosinas de los puestos ambulantes. Gracias, Marcela, un beso.

Pedro Maza dijo...

MI amor por el cine viene de cuando era pequeño. Mi padre trabajaba en una especie de distribuiodra propiedad de un tío medio mafioso que tenía y siempre traía a casa películas de estreno que a veces ni se habían estrenado en el cine. Para mi era un p lacer y un canto a mi imaginación ver cosas como Los exploradores, Los Goonies, Dentre de Laberinto. Para un niñi esas películas eran mágicas.

MAREÑA dijo...

estoy de acuerdo con Raquel, me hiciste retroceder a mi infancia cuando ir a cine era una ceremonia, teatro entapetado, telón rojo, música de fondo y en este caso acompañada por mi madre y abuela ahhh y con una colombina gigante "charms" de uva, gracias por hacer recordar esos momentos tan lindos