04 marzo 2007

El hombrecito del cine


Hace 30 años encontraste a la muerte detrás de un frasco de pastillas. Obtuviste tu sueño esperado, pero la ausencia se hizo continua presencia en tu legado sorprendente. Niñoviejo, joveninfante, amante incondicional del cine, explorador de todos sus senderos. Mi ángel caleño, de mirada miope, frases tartamudas y torpeza lewisiana. Ser infecto de pasión cinéfila y fervor en la escritura, se te recuerda en cada acto y vives en cada hecho.
LS


DESTINITOS FATALES
Andrés Caicedo

A un hombrecito le gusta el cine y llega y funda un cine club, y lo primero que hace es programar un ciclo larguísimo de películas de vampiros, desde Murnau y Dreyer hasta Fisher y ese film que vio hace poco de Dan Curtis. Al principio hay mucha acogida y todo, el teatro se llena. Pero semana tras semana va bajando la audiencia. Como se sabe, el público cineclubista está compuesto en su mayoría por gente despistada que acude a ver acá "el cine de calidad" que no puede ver en los teatros cuando estos sólo exhiben vaqueros y espías; imbéciles que abuchean una película de John Ford con John Wayne "porque el ejército de los Estados Unidos siempre mata muchos indios", que le dicen imbécil a Jerry Lewis. Esa gente cómo le va a coger la onda a los vampiros, no falta por allí uno que insulte al hombrecito del cine club por estar exhibiendo cosas de estas cuando los estudiantes luchan en las calles; gente que únicamente sueña de noche y que siempre duerme bien y al otro día se despiertan y pueden hablar de amor, de papitas, de viajes, de política y cuando llegue la noche se ponen a soñar de lo mismo que han hablado durante todo el día. Pues bien, el hombrecito de nuestra historia comenzó a perder grandes cantidades de dinero, porque ya al final no iban más que diez personas a ver sus películas de vampiros, nueve, ocho, siete, seis, cinco, los últimos cuatro sí empezaron a conversar, a contarse recuerdos, pasó el tiempo y uno de ellos se mudó de ciudad, otro amaneció un día muerto, uno se graduó de arquitecto y nunca nadie más lo volvió a ver por estas tierras.
El hecho es que sábado 25 de diciembre de 1971, el hombrecito encontró, al ir a introducir el único film del ciclo, que no había más que un espectador en la sala, allá detrás, en un rincón, mitad luz y mitad sombra.
El hombrecito iba a comenzar a hablar de la película que amaba tanto, pero el Conde se paró de su butaca y le sonrió, y el hombrecito tuvo que bajar los ojos.

10 comentarios:

Empiezo a Entender dijo...

.....bellísimo.






Me voy para leer otra vez este texto, g.

Tatiana dijo...

Ahhhhhhh, hermoso texto. De adolescente yo tenía muchísmos prejuicios con las películas y los directores de cine. Cualquier cosa que no era una "película de autor" me parecía una caca. Hasta que tuve a un profesor maravilloso que me enseñó a ver (y entender) el cine de género:los musicales con Marilyn Monroe, las películas de cowboys y los melodramas de Douglas Sirk...

Harry Reddish dijo...

hermoso texto, yo también lo releeré (aún tengo pendiente contigo una cosa, que espero mandarte antes del fin de semana) abrazos!!

Raúl dijo...

Qué gran texto...

teceo dijo...

Gracias, muchas gracias... que rico leer esto y que bueno seguir encontrando a ese Caicedo con el que tanto me topo.

Anónimo dijo...

Me sorprendiste, Liliana!!!....es que tambièn habita en vos una vena poètica? Muy hermoso y sentido homenaje.... cuyo ùltimo pàrrafo me conmoviò !seguro que terminarè buscando material que me descubra a este personaje tan querido por la comunidad kinèphila.- Gracias, muchas gracias....a èsto me refiero cuando digo que en este sitio vivo aprendiendo.-
Un beso.-
Lala

Andrés David dijo...

Hace rato no leía "Destinitos Fatales". Se oye diferente su música y se ven diferentes sus cuadros desde la distancia que separa a mi nuevo Santiago de mi viejo Santiago.

Un abrazo colombiano desde Chile.

Despezcueznarizorejamiento dijo...

Me gustaría que me ayudaras a crear una sección de cine relacionado con Andrés en mi blog.

Claro...si quieres, y te queda tiempo.

Liliana dijo...

Claro que quiero, aunque no tenga tiempo. Me encantaría. Tienes mi dirección de mail. Escríbeme contándome cómo lo piensas y ya mismo nos ponemos a trabajar.

Enrique Posada dijo...

Liliana
El lenguaje poético, delicado, amoroso, es un regalo para el lector y crea huellas.