26 agosto 2006

Match point

LA SUERTE ESTÁ ECHADA
Marcela Barbaro


El recorrido de una crítica cinematográfica podría asemejarse al trayecto que hace una pelota de tenis. La primera pretende alcanzar un espacio de difusión para poder hablar sobre cine; la segunda aspira llegar a su contrincante para comenzar el juego. Ambas, deberán traspasar algún obstáculo para poder lograrlo. Durante ese camino podrán suceder varias cosas:

1) La nota es publicada. Alcanza al potencial lector con resultados positivos.
2) No se logra publicar ni difundir en ningún otro medio.
3) Se publica. Pero se transforma en una nota más. No produce ningún efecto reflexivo.

Seguramente habrá más posibilidades, más entrecruzamientos con distintas repercusiones para uno y otro lado. ¿Será cuestión de suerte, será el destino, será la combinación de ambas cosas? ¿Cuánto hay de talento, cuánto hay de azar y cómo juegan nuestras decisiones?

Preguntas que forman parte de los interrogantes que Woody Allen aborda al hacer de Match Point un drama donde la suerte y el destino se entrecruzan y se cuestionan cara a cara sobre el polvo de ladrillo.

Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyers) es entrenador de tenis, otrora ex tenista de competición, que llega a Londres en busca de trabajo. Consigue entrar a un club de tenis exclusivo donde conocerá a Tom Hewett (Matthew Goode), un elegante joven de familia muy adinerada con quien prontamente formará amistad. Tom lo involucrará en su círculo familiar donde le presentará a su hermana, Chloe (Emily Mortimer) con quien, no muy enamorado, formará pareja. Finalmente, al conocer a la novia de su amigo, Nola Rice (Scarlett Johansson) sentirá una atracción sexual inmediata, incontenible y también recíproca. Chris, Chloe y Nola serán los vértices de un triángulo amoroso que, por momentos, se volverá vertiginoso, tenso y desconcertante.

Allen divide a los personajes en dos grupos bien diferenciados y los enfrenta tirándoles la pelota para ver de qué lado cae y qué hacen con ella. Por un lado, están los desafortunados como Chris y Nola, apasionados, compulsivos y ambiciosos. Aspiran a un mejor nivel de vida y creen en la suerte como oportunidad de alcanzar la “salvación”. Por otro lado, están los afortunados como Tom y Chloe, seres nobles, serenos y leales que, a diferencia de los anteriores, no creen en la suerte como único motor de posibilidad y cambio.

Durante nuestra existencia no son muchos los momentos fortuitos donde la suerte acompaña. A pesar de ello, no podemos escapar a nuestra esencia, a nuestras propias elecciones y, más aún, a sus consecuencias. En definitiva, somos cómplices y víctimas de nuestro existencialismo.

Por Match Point el neoyorquino Allen ha salido con trofeo en mano, aunque cueste imaginarlo vestido de tenista y salpicado de un rabioso naranja.

4 comentarios:

Liliana dijo...

En principio, no me pareció una película de Woody Allen. O sí... pero de una manera diferente a lo típico de su cine. El humor no está en cada escena, o en los diálogos del film, sino en su resolución.
La historia del triángulo amoroso tan trillado es sólo un pretexto para cerrar de manera alleniana su película. Woody Allen ha logrado postergar la esencia para el final, en lugar de diluirla a lo largo de la hora y media de película.
La resolución que toma el personaje principal es tan drástica como si en esa decisión le fuera la vida, del mismo modo que una pelota de tenis que toca la red decide el puntaje si pasa o se queda de este lado del campo, o como cuando el anillo, que debería haber caído al río para salvar al personaje, queda en la calle..., así el final toma un giro impredecible.
Esta metáfora de cómo la suerte juega a favor o en contra nuestro viene a confirmar aquello de que "algunos nacen con estrellas... y otros, estrellados", ¿no?

mimismidad dijo...

No he visto la película (como sabes, últimamente no tengo muchas ocasiones de ver cine), pero analizando lo que veo alrededor, creo que comparto el contenido real de la metáfora que es esta película de Allen. Sí, otros factores juegan un papel en lo que nos va aconteciendo, en el desarrollo de lo que elegimos e iniciamos, pero, ay amigos, ay de aquél al que la suerte no acompañe...
Un pequeño guiño amistoso: "Que la suerte os acompañe"
Besos.

Marc Jardí dijo...

Hola Marcela, me encantó tu texto y te invito a leer el mío en "Cine, vicio y subcultura."

Mejor eso que ponerte un comentario interminable en tu reseña.

Muchos saludos.

Marcela dijo...

Liliana: coincido en que no parece un film de Woody Allen. Lejos de su NY, rodeado de acento británico, sin sus chistes, sin su edipo, etc. Lo que jamás haría es quedarse en lo trillado del triángulo, no sería él.

Mismisidad: garcias por tu guiño amistodo. Igualmente.

Marc: Muchas Gracias. Ya pasé por allí y te dejé mi comentario.

Saludos.