25 octubre 2007

Transformers o el pochoclo fascista

Lior Zylberman


Me acerqué a la película Transformers buscando cierta reminiscencia de mi infancia. De chico solía ver la serie animada con mucho entusiasmo y felicidad. Poseedora de todas las características del cine de Michael Bay, este director bien podría ser colocado a la par de Frank Capra. Para mejorar la comparación, Michael Bay sería el Frank Capra de la era Bush. El cine de Michael Bay posee todos los ingredientes y características del llamado cine blockbuster, un cine de entretenimiento de grandes proporciones, grandes presupuestos, en fin… todo a lo grande. Muchas veces esta clase de cine queda marginado del análisis por catalogarlo como un mero espectáculo, un cine vacío, y meramente “pochoclero”: es decir, uno puede mirar la pantalla mientras degusta alguna golosina, pancho o algo similar. Eso, creo yo, es un gran error (no el comer sino el marginarlo del análisis). El análisis sugerido para dichos films no debería pasar, exclusivamente, por su guión o por su realización formal. Tampoco discutir si es un cine pasatista o “cine-arte”. Más bien se debería analizar su matriz ideológica, y es allí donde veremos lo que conlleva esta clase de cine. Es allí donde Transformers se transforma en un arma propagandística y panfletaria.

Volviendo a la comparación sugerida con antelación: si Capra pudo, a través de ciertos films como Mr. Smith Goes to Washington o It’s a wonderful life por citar algunos[1], resumir el pensar y el sentir estadounidense, captar la idiosincrasia y la fe en las instituciones y en ciertos valores basales para dicha sociedad, Bay hace lo mismo con títulos como Armageddon y Transformers.

Al caer el Muro de Berlín y luego la URSS, en Hollywood el enemigo comunista tuvo que ser metamorfoseado por nuevos personajes. Así como en 300 tuvimos que trasladarnos hacia la época griega y comprender a los persas como terribles enemigos, y asistimos a un rey que lidera un ejército capaz de dar su vida por la libertad, en Transformers presenciamos una lucha por una energía que es buscada por dos “razas” de robots, esa misma energía puede ser utilizada para el bien o para el mal. ¡Qué mejor simbolismo para el plan nuclear de la administración Bush! Por lo tanto, los decepticons (alias Irán) no pueden ni deben tener esa energía, los decepticons usarán esa energía para dominar el mundo; sólo los autobots (alias “el mundo libre”) puede hacer un uso correcto de ella.

Más allá de ciertos pasajes de heroísmo que se muestra por parte del joven personaje frente a la chica de turno, tanto él como el líder de los autobots repiten varias veces (y al hacer eso, Bay nos lleva a un primer plano: ¡espectadores, recuerden esto!) su predisposición a sacrificarse para que el cubo de energía no caiga en manos enemigas. Dar la vida por la libertad, dar la vida para que la humanidad no sea esclavizada por el poder oscuro. Tanto el joven como el líder de los robots buenos no lo dudan, actúan como acto reflejo. Si esto no es fascismo, ¿el fascismo dónde está?

Creo que es hora de volver los ojos al cine pochoclo, no para denigrarlo ni menospreciarlo, sino para realizar un serio análisis de estos procedimientos a fin de medir el pensamiento hegemónico. Porque no sólo a través de las armas una ideología puede hacer mella; a través de la cultura la puerta es más grande.



Nota:
[1] Y no debemos olvidar toda la serie Why we fight realizada para el gobierno estadounidense durante en el marco de la II Guerra Mundial.

6 comentarios:

Liliana dijo...

Estoy de acuerdo con vos, Lior, en que no podemos menospreciar el cine pochoclero. A través de él se transmiten modelos culturales, escalas de valores, patrones de conducta...
Bienvenido nuevamente a kinephilos

rosaura dijo...

Lior, soy Rosella alumna de la UBA. No vi la película justamente por esta idea (que en especial nos meten a los alumnos en la cabeza en nuestra facultad) que el cine para analizar no es el cine comercial hollywoodense, pero leyendo tu post recapacito y vuelvo a creer que hay que verlo todo y analizarlo.
Muy buen blog,
Saludos!

cacho de pan dijo...

hay que ver con ganas y, para hacerlo, debemos ver lo que nos apetece, sin falsos pudores ni prejuicios.
sin pochoclo, en silencio y respetuosamente: Cassandra´s dream, el último y magnífico W.Allen.

Jorge López Fernández dijo...

Yo también coincido en que el cine que vosotros llamáis pochoclero (aquí sería "de palomitas") tiene que ser analizado como cualquier otro, sobre todo porque llega a un espectro más amplio de la población, del cual una gran parte ve las películas como algo totalmente inofensivo cuando claramente no es así.
A mí me invitaron a ir a ver 'Transformers' para reírnos (o llorar, según el extremo al que llegase) de las ideas que transmite. No pude porque tenía que estudiar para septiembre, aunque de todas formas no sé si hubiera ido debido a su larga duración.
De todos modos, está claro que hay cine "de palomitas" bueno y malo, y en algunas ocasiones películas que no pretenden tener esa gran acogida por parte del público la acaban logrando. Por ejemplo, 'The Departed' es considerado cine de palomitas por la mayoría, y a mí me parece una película magnífica en su puesta en escena, dosificación del ritmo, interpretaciones y caracterización de los personajes. Una excepción a la regla.
¡Un abrazo!

ApoloDuvalis dijo...

Aunque la propaganda política no pudo haber sido más burdamente explicitada, hay que recordar que no se trata de una película diseñada para competir en los festivales internacionales de cine sino para llenar los teatros en temporada de vacaciones. Desde ese punto de vista, la película luce magistralmente diseñada para alcanzar su propósito y por eso creo que Michael Bay se merece todos los aplausos.

Yo reconozco que no vi la película con ojos imparciales: sí, fui a verla a un teatro y sí, también compré crispetas (palomitas de maíz) y gaseosa (soda). Incluso confieso que se me erizaron los pelillos de la nuca y se me aguaron los ojos en la escena donde Optimus Prime llega a la Tierra. Tambien fui plenamente consciente de cómo la música manipulaba mis reacciones emocionales, pero incluso así me metí en el cuento y disfruté la película como si fuera un niño.

Si uno se mete en la ilusión que el director trata de vender, hasta puede sentirse inspirado por el lema de la película: "More than meet the eye" o como diríamos en mi tierra "las apariencias engañan".

Felicitaciones por la reseña. Mi aporte es que hay que analizar las películas hollywoodenses descaradamente comerciales, pero sin sacarlas de contexto ni olvidar el público al que van dirigidas.

Juan Cosaco dijo...

Los transformadores??!! arg! cómo pudiste hacerme esto a mi...jaja
Salud!