24 marzo 2006

Jueves de silencio



Hoy es jueves de pañuelos blancos
que se marean en la Plaza de Mayo.
Se asfixia mi garganta
y mis piernas avanzar ya no pueden;
veo lágrimas caer desde muertos cabellos
que no hacen más que salpicar con furia la impunidad del aire
hacia el silencio tajante con que se viste la indiferencia
sobre los ojos ciegos de un pasado joven.

La gente está abrazando la plaza
forman una ronda gigante de flores
un homenaje, hacia esos retratos colgando
que quieren terminar sus pesadillas
y alcanzar la libertad exiliada de sus nombres.

Sin embargo, así seguirán y seguirán hamacándose...
nadie pedirá perdón en sus oídos
ni reparará el respeto de sus almas.

Marcela Barbaro

5 comentarios:

Liliana dijo...

Cuánto dolor hay en el ambiente, cuánto cansancio en estos días... Muy emotivo, desgarrador y movilizante tu poema.
LS

Paola* dijo...

Pies desgastados bajo lluvia, frío y sol...Plaza hastiada de escuchar lamentos silenciosos y a la vez ruidosos, tanto del lado de los vivos como de los muertos...Que justas e injustas palabras escritas...Saludos

Sil dijo...

Llorar un 24 de Marzo ya es un lugar común en nuestras vidas, vidas que se partieron al medio, que tuvieron un antes y un después, y que aún hoy sufrimos por ese desgarro. Es hora de que el país entero llore ese día, y no sé si todos lo habrán sentido igual, pero este 24 fue mucho más triste. Debe ser porque debemos haber sido muchos más los que lloramos...

Anónimo dijo...

Recuerdo a una persona,a la cual frecuentamos,por suerte,no en demasìa,que dijo la famosa frase:"Algo habràn hecho";estàbamos en el comedor grande,mientras arriba habìa uno de esos curas con cara de nada...sòlo te digo que la sangre mìa hirviò.
Ya sabès lo que pienso respecto de esa fecha...por eso el gorilaje extrañado siempre me mirò sin comprender.
Carlos (te veo crecer en la comprensiòn de nuestra realidad y me enorgullezco de que seas mi sobrina...Alguien dijo que la poesìa nace del dolor y no estaba nada errado)

Liliana dijo...

Mi padre se estaba despidiendo de nosotros porque se iba a asilar en una embajada, y no puedo olvidar a una persona que estaba allí (no sé si para darnos ánimo o para hundirnos más en la desesperación) que pronunció esa maldita frase: "y bueno, por algo será...".
El dolor y la tristeza, el susto por el futuro y la despedida de mi padre, al cual no sabíamos si íbamos a volver a ver me impidió reaccionar como se merecía.
Hubo mucho de complicidad, mucha ignorancia, mucha "mala leche" (con el perdón de la expresión) en todo lo que pasó.
Al menos, veo que no estábamos solos. Que éramos muchos. Y que quedamos unos cuantos para no olvidarnos.
Liliana