22 marzo 2006

SuperBergman

Marc Jardí es el “culpable” de que este blog exista. Pues visitando Cine, vicio, subcultura, me contagió las ganas de crear un espacio para compartir con los amigos.
En sus escritos, Marc conjuga la delicadeza del poeta con la rebeldía del iracundo. Esta vez se inclina por lo primero, para rendirle un homenaje a Bergman. ¡Bienvenido!
LS


EL CONTRASTE Y EL AMOR POR AGNES
Marc Jardí



El tic tac de un reloj. Letras blancas sobre fondo rojo. El silencio aterrador y el grito doloroso. Personajes de negro en un espacio rojo. Y Agnes de blanco, acostada en una cama blanca en una pequeña parcela blanca dentro de un infierno.

Agnes... cada vez que le veo reafirmo lo enamorado que estoy de ella y lo mucho que ha perturbado mi existencia. Creo que no le olvidaré en mi vida. Es de esos personajes antológicos, legendarios.

Bergman ha retratado y taladrado el alma humana como nadie. Aquí lo hace con cuatro mujeres.

Karin, María, Ana y Agnes son personajes realmente atractivos, pero yo me quedo con esta última, por afinidad, por contraste, por romanticismo.

Agnes, que parece que paga injustamente los celos que sintió de pequeña, que paga el contacto familiar que se ha perdido, que paga la indiferencia y el egoísmo de sus hermanas. Agnes, yo te amo y acuno cada noche como lo hace Ana.

SuperBergman, que en cada película que hace se supera a sí mismo llegando a límites de austeridad solo comparables a los de Dreyer, trae en Gritos y susurros un cuarteto romántico, donde la cámara, testigo inmóvil de todo, incita al espectador a que intente inútilmente posar sus manos en la pantalla para salvar a Agnes.

Bergman conmueve con sus imágenes, como ese plano pictórico de “Piedad”, o comparando los últimos días de Jesús con los últimos de Agnes: el desprendimiento de vestiduras, la sed, el oscurecimiento de la habitación y la crucifixión.

Esos fundidos en rojo para introducirnos en las entrañas de los personajes, esa manera que tienen los personajes de tocarse las mejillas, la luz de las velas, esos susurros interiores son los que convierten a Bergman en uno de mis cineastas de cabecera y a Agnes en mi amor platónico.

3 comentarios:

Liliana dijo...

Esta es una de mis películas favoritas de Bergman (junto a "El silencio", "La fuente de la doncella", "Persona" y "El séptimo sello").
Cuánta razón tienes al comparar su austeridad con la obra de Dreyer. Nunca los había relacionado, pero sí, muchos de los planos que recuerdo de "Gritos y susurros" evocan algunos de "Jeanne d'Arc".

Marcela Barbaro dijo...

Aquí otra devota de Bergman. Me sumo a las películas que citaron y agrego "Sonata Otoñal".
Es cierto lo de Dreyer. Ambos hacen obras pictóricas cuando elaboran cada uno de sus planos y encuadres. Cuánta pasión, cuánta intensidad.
Dos estetas sin ninguna duda.
Saludos.

Anónimo dijo...

Conservada en mi memoria, no visual sino emotiva.

Este filme arrancó mi abstracción a límites verdaderamente desasogantes...

Sigo pensando en esos primeros planos de esos personajes femeninos, en los que parece que o gritan de dolor, o deliran para que le juzguemos... o si nos humillan para hacerlo nosotros.

Me dispongo a ver "sacrificio". A ver cómo me deja.

www.limitados.blogspot.com