06 febrero 2007

Cuando el cine es nuestro aliado

Marcela Barbaro



La denuncia sobre instituciones que atentan contra los Derechos Humanos es un acto de justicia, de bien. No sólo se sacan a luz los hechos cometidos sino también quienes los ejecutan. Mientras la intencionalidad de la denuncia tenga fines humanitarios y consiga salvar tan sólo a un hombre, ya es suficiente.

El camino a Guantánamo, dirigida por los británicos Michael Winterbotton y Mat Whitecross, es un ejemplo de esa clase de denuncia. Bajo un formato semidocumental el film se basa en la verdadera historia de tres jóvenes que sobrevivieron al infierno de la, aún vigente, cárcel de Guantánamo (base militar norteamericana en Cuba).

La historia comienza en septiembre de 2001 cuando Shafiq Rasul, Ruhel Ahmed y Asif Iqbal, ingleses de origen musulmán, viajan desde Tipton (Reino Unido) a Pakistán con motivo de la boda de uno de ellos. En el camino deciden llegar hasta Afganistán para ayudar a sus hermanos musulmanes ante la inminente caída del régimen talibán y la invasión de tropas norteamericanas. A pesar del contexto desfavorable, la travesía narrada como una suerte de road movie, los dejó atrapados en medio de los bombardeos, de los campos de mutilados y de las fosas comunes donde veían arrojar cuerpos de vivos y muertos. La Alianza del Norte (una Fuerza Antitalibán dentro de Afganistán) los capturó junto a cientos de afganos para entregarlos al ejército norteamericano, que los envió a la prisión de Sheberghan, y bajo la ley del más fuerte, el que sobreviva al hacinamiento irá hasta Guantánamo, último destino de la travesía.

La prisión es un gran jaulón donde los hombres son encerrados en jaulas individuales, al igual que un zoológico, pero con algunas diferencias importantes: a los animales se los alimenta, se los higieniza, nadie les impide comunicarse entre ellos, se los visita, se los trata bien, se los cura si se enferman y se les imparte cariño. A ese contraste, se suman las torturas físicas y psicológicas, las vejaciones y los interrogatorios bajo los métodos más descabellados. La pesadilla duró algunos años.

El relato está dirigido por los verdaderos protagonistas y reconstruido por actores en los escenarios donde sucedieron los hechos. También se intercalan imágenes de archivo y comentarios, como por ejemplo los de George W. Bush: “Conocemos a estos muchachos y son malos. No comparten los mismos valores que ustedes y nosotros: son asesinos”. Otra frase para recordar es el lema escrito sobre el cartel de la cárcel de Guantánamo: “El honor para defender la libertad”. Paradoja si las hay.

La película remarca la inocencia de esos jóvenes que llevaban una vida como la de tantos otros y que no tenían participación en ningún hecho asociado al atentado del 11 de septiembre, ni pertenecían a la red Al Qaeda. Se los muestra muy occidentalizados, sin militancia y en pleno apogeo de su adolescencia. Pero están solos. Nadie los defiende, ni siquiera los británicos. Nadie pide perdón, nadie da una explicación y nadie les cree. ¿Habrá alguien que les devuelva todo lo que allí perdieron? ¿Seremos testigos de la fecha de vencimiento aplicada a la tortura?

El cine tiene el maravilloso poder de la comunicación, de mostrarnos cosas que aunque conocidas nos enseñen algo más; nos permite ver aquel lado que la sombra nos tapaba y saber más para valorar otro tanto. Es una herramienta educativa y concientizadora. Esta vez la ficción no finge y la historia no es inventada, aunque me gustaría que lo fuera y que me estén mintiendo descabelladamente con el relato más absurdo que se pueda imaginar.

14 comentarios:

Liliana dijo...

¿Cuántos casos habrá como los de esta historia? ¿Qué será lo que limite el poder de quien se cree dueño del mundo?
Yo no soy nada optimista sobre un posible futuro donde no haya tortura... Creo que donde haya poder, dinero (llámese éste ayer oro, hoy petróleo o mañana agua) y fuerza, seguirá habiendo sometidos y dominadores, víctimas y victimarios.

Øttinger dijo...

Vi la película con total escepticismo. No sabía muy bien si terminaría de cruzar la línea de la denuncia y terminaría colocándose en la de la propaganda. Cosa más que habitual en este tipo de cine, que pese a contarnos el lado de los más desfavorecidos también se hace, de manera inevitable, cierta propaganda.

Evidentemente la película tiene un elemento que es indiscutible para todos los que la vemos, y es la vivencia de estos tres chicos. Relatada en una falsa primera persona, es irrebatible que la vivencia de una persona pueda resultar más o menos ajustada a la realidad, y más si tenemos en cuenta que, por fortuna, no hemos estado encerrados de Guantánamo. El sufrimiento en primera persona puede discutirse en su presentación pero no en la forma de su padecimiento. Por tanto, desde el punto de vista del testimonio la película es impecable. Otra cosa es desde el punto de vista cinematográfico o documental de denuncia, donde cojea un poco al dedicar más tiempo en presentar a los chicos como los más inocentes del mundo, restando desarrollo a lo vivido dentro del campo de prisioneros o retención de Guantánamo, que quizá hubiese sido mucho más interesante por su importancia como documento de un lugar inaccesible.

Marcela Barbaro dijo...

Ottinger:
Me parece, sobre tu segundo párrafo, que dedicarle más tiempo a Guantánamo lindaría con el efecto de golpe bajo o sensiblero. En un reportaje a los directores ellos querían enfatizar la clase de jóvenes que eran y lo lograron, porque le podía pasar a cualquier otro, digo a un latino a un cubano. La problemática, por desgracia, es extendible a otros territorios. Creo que muchos de nosotros conociámos la existencia de ese lugar, pero nada más. La película se encargó de lo que faltaba y las imagenes fueron suficientmente claras para funcionar como documento.
Saludos.

Tatiana dijo...

Me parece que el cartel "El honor para defender la libertad" no es nada paradojal. Evidentemente hay gente que piensa que la diginidad de las personas no vale nada si de salvar "la libertad" se trata. Creo que habria que hacer una redifinicion semantica del honor y de la libertad en este caso. ¿De que libertad estamos hablando? ¿De la libertad al estilo Bush?

Ay Dios, cada vez más agradezco haberme topado en la vida con 1984.
WAR IS PEACE
IGNORANCE IS STRENGHT
FREEDOM IS SLAVERY

Tatiana dijo...

Por lo demas si los tres personajes de la historia son inocentes o los peores terroristas del mundo, no cambia para nada las cosas. O se defiende la dignidad de TODAS las personas, o caemos en la mas baja abyeccion.

Liliana dijo...

Termino de leer lo siguiente en Página12:
Esta semana arribará una delegación del gobierno norteamericano integrada, entre otros, por el procurador general de ese país, Alberto González. En su carácter de asesor del presidente George Bush, González se expresó a favor de utilizar técnicas de interrogación que habilitan la práctica de la tortura e impulsó la decisión de no aplicar las normas del derecho internacional humanitario emergente de la Convención de Ginebra en el marco de la llamada “guerra contra el terrorismo”.
¡¡¡Sin palabras!!!

marcela dijo...

Qué??
Olvidate de la frase sobre la fecha de vencimiento de la tortura.

Juan Cosaco dijo...

Estos documentales son necesarios, pero está claro que son minoritarios: la gente ya puede conocer la historia por las noticias.. pero es tan duro el estar informado... no, amiga, no es ficción... la realidad la rebasa ampliamente.. por la derecha sobre todo.
Salud!

Øttinger dijo...

marcela barbaro es normal que la intención de los directores sea esa. Lógico. Más si tenemos en cuenta que la participación de las víctimas reales es fundamental en el relato.

Tengo que insistir en que desde el principio queda claro que los chicos son inocentes. Los hechos que presentan son lo suficientemente contundentes. Sin embargo, lo que nadie conoce es el funcionamiento de Guantánamo, el trato, los interrogatorios... y dedicarle más tiempo a esa parte habría dejado un documento mucho más solvente como testimonio de esa realidad desconocida.

Marc Jardí dijo...

A juzgar por los comentarios, veo que la película ha cumplido una de sus funciones.

Me ha gustado el escrito Marcela, no tanto la película.

Salue.

Marcela dijo...

Marc,tanto tiempo...
Gracias por tu comentario.

Saludos.

Raquel dijo...

Interesante.

teceo dijo...

Que excelente reseña... lastima que por aqui sea tan dificil conseguir algunas de las cosas comentadas.

juanmosquera dijo...

habrá dolor, habrá injusticia. Que no haya silencio...