24 mayo 2006

Los imperdonables: Sin perdón

A raíz de Los Imprescindibles: E, me dio por revolver en mis críticas viejas y encontré lo que escribí de Sin perdón, o Los imperdonables, como deseen titularla, cuando se estrenó. Aquí, mis razones.
LS

LOS IMPERDONABLES
Liliana Sáez


Un cielo anaranjado, recortado por la silueta de un rancho y un árbol. Hacia la derecha, una tumba y un hombre rezando. Es el ocaso del día. Es el ocaso de una vida. Pero también es otro ocaso.

Clint Eastwood conoció la fama de la mano de Sergio Leone, ese italiano que intentó renovar un género que ya estaba perdiendo brillo, imprimiéndole una mirada mediterránea, más intensa y apasionada que la frialdad que congela las grises pupilas norteamericanas.

El western también ha conocido diferentes rutas. Porter le dio vía libre para expresarse en la pantalla, permitiéndole convertirse en una esperanza épica, en manos de Ford o de Sturges . De ese envoltorio simplista, en el que los cowboys eran los "buenos" y los indios los "malos", lo sacudió Leone para descubrir seres conflictuados y revisar los claros valores de bondad y maldad. Así, Clint Eastwood podía aparecer como un ser desarraigado, cazador de recompensas y ser, a la vez, el héroe de la historia.

Este paso permitió a los norteamericanos realizar su propia revisión histórica y plantear la sanguinaria colonización llevada a cabo de la mano de los hasta entonces héroes del avance hacia el oeste –el general Custer, entre otros–, desde otro punto de vista, quizás inclinando la balanza inversamente, donde los indios son los "buenos" y los jinetes de la Caballería los "malos". Hasta que Peckinpah no describió esa época en The Wild Bunch (1969), no hubo nadie que permitiera transmitir lo infernal y sanguinaria, así como lo hostil, lo cruel y lo inestable que fue esa conquista.

Pero volvamos a Eastwood. Se dice que Unforgiven es el último western de un actor que ha interpretado treinta y seis películas y ha dirigido dieciseis. Que es su visión madura de una gesta comenzada a ser filmada con el siglo. Noventa años después del primer western, Eastwood nos entrega su última visión de un mundo y un acontecer que ha vivido a través de variados guiones y distintas posiciones respecto a una historia que no deja de ser injusta.

Eastwood nació en San Francisco, en 1930. Debutó en el cine con una película de A. Lubin, Francis joins the wacs, pero su carrera comenzó a desarrollarse en una serie del oeste, para televisión, Rawhide, en la que no sobresalía suficientemente como actor. En realidad, fue "descubierto" por Sergio Leone, e interpretó para él la trilogía que lo haría famoso, junto a Lee Van Cleef (Per un pugno di dollari, 1964; Per qualche dollaro in piú, 1965; Il buono, il brutto, il cattivo, 1966). Sin embargo, su carrera se distraerá hacia el policial, en películas dirigidas por Siegel e, incluso, por él mismo, en las que interpretará a un policía que actúa fuera de la ética establecida, imponiendo el orden, a través de métodos no muy legales y cuyo apodo será "Dirty" Harry. Su redeza mucho tiene de herencia leoniana.

La taquilla será aliada de este actor-director y sus personajes dignos de estudio crítico. La complejidad del personaje acompañará la espectacularidad de la violencia, no permitiéndole acceder a los circuitos artísticos cinematográficos y dejándolo relegado al cine masivo y alienante. Sin embargo, se trataba sólo de esperar. Quizá su madurez, quizá los años de experiencia, quizás el cansancio frente a siempre-lo-mismo... Eastwood dirigió su primera obra "seria", Bird (1988), inspirada en la vida e Charlie Parker, con una sensibilidad increíble en el "duro" intérprete de tanto western y policial. Su film llamó la atención con tanto énfasis que se esperó ansiosamente su segunda obra. Así llego Cazador blanco, corazón negro (1990), un intento de ambientación de los preparativos para el rodaje de La reina africana (John Huston, 1951), en la que incursiona en la pasión y los sentimientos del personaje para ofrecernos una obra cálida, sin mayores pretensiones, pero muy sensible.

Cuando se anunciaba Los imperdonables, todos los que hemos seguido los pasos de este actor –que pese a la mediocridad de sus películas sobresalía– que al intentar expresarse a través de su obra última logra hacerlo a cabalidad, estableciendo un abismo entre un antes y un después, pero sobre todo, demostrando su capacidad artística, jurábamos que íbamos a estar frente al padre de los westerns, frente a lo que no se ha dicho, en un género tan explotado o, por el contrario, que iba a contener la esencia de todo lo que se ha mostrado, concentrando lo magnífico del western.

Junto a la imagen del ocaso que encabeza esta nota, una leyenda nos cuenta sobre la mujer muerta, no a manos de su sanguinario esposo, como se esperaba, sino de una enfermedad común para la época. Las palabras pronunciadas por un narrador anónimo son repetidas por escrito. Esta necesidad de subrayar la maldad de un personaje, nos prepara para encontrarnos con el más sanguinario matón del oeste. Pero no, William Munny (Clint Eastwood) es un granjero que está a cargo de sus hijos y de sus cerdos, a los que todavía no sabe tratar. Su torpeza nos impide imaginar lo cruel y lo hábil que debe haber sido en su juventud.

Un percance en el burdel del pueblo deja a una de las muchachas herida. Sus compañeras ofrecen una recompensa a quien mate a los criminales, ya que el comisario, Billito Daggett (Gene Hackman) no ha sido justo con el castigo impuesto. Un inglés (Richard Harris) será el primero en acudir al llamado de las mujeres. Pretexto utilizado para demostrar lo cruel que puede llegar a ser Billito con los cazadores de recompensas.

Al rancho de Munny llega Schofield Kid (Jaimz Woolvett), un joven que se autodescribe como un asesino feroz y le ofrece el nuevo trabajo de sembrar justicia al ex duro William. En realidad, el joven es un miope atraído por la fama del matón. Allí nos enteramos que la santa mujer de Munny le ha enseñado a ser bueno, honrado y a vivir –decimos nosotros– terriblemente arrepentido y amargado el resto de sus días. Imposible que por nuestras cabezas aparezca el malísimo Munny. Sin embargo, el hombre, a regañadientes, acepta la misión y, ahí, podemos decir, comienza la película o, al menos, es lo que esperamos.

La lentitud de la acción, la inverosimilitud del comportamiento de los personajes, que van a vengar a un grupo de mujeres desconocidas muy a su pesar, la oscuridad de las imágenes y los momentos cursis (por ejemplo los reiterados recuerdos de la mujer muerta) que, realmente, sobran, no permiten que esta película sea el western tan esperado. Pareciera convertirse en un híbrido, entre western e intimismo, que no logra cuajar en ninguno de los dos extremos y que nos deja con muchas ganas de ver acción o tortura existencial. Pero ese ser tan malo (que lo es por lo que nos han narrado) no es creíble. La mojigatería se hace dueña de la pantalla de una manera cruel, y uno, que está esperando la muestra de esa esencia que comentábamos, se siente totalmente defraudado: Munny ha dejado de beber; retoma el vicio del alcohol junto al vicio del crimen; Munny le es fiel a su mujer, aún muerta; las prostitutas son incapaces de sobresalir como individuos, actúan como un colectivo, no destacándose por nada en particular.

Esta fue una buena oportunidad desaprovechada. Una obra sepia, un western que no se redondea, unos personajes inverosímiles. Una suma de ganas contenidas que componen un nuevo ocaso; ¿el de un actor? ¿el de un director?, ¿el del western?...

Liliana Sáez

Publicado en Encuadre Nro. 39, Consejo Nacional de la Cultura, Caracas, diciembre 1992.

10 comentarios:

Pedro Maza dijo...

Siento no estar de acuerdo, pero me encanta como analizas las películas. Pero tengo que decir que esta película me encanta, aunque no sea el padre de todos los westerns por que es bastante atípico. Pero no me vou a enrollar. Solo diré que tengo grabada la escena en que tito Clint empeiza a beber otra vez mientras otro de los personajes recuerda una de sus fechorías pasadas. ¡Qué mirada!

Marc Jardí dijo...

Liliana, lamento no coincidir con tu crítica, no sé... creo que las interpretaciones no han sido del todo correctas... a lo mejor resulta que el que se equivoca soy yo. Mira, a lo mejor me animo a hacer una reseña también, así podemos ver ambos puntos de vista.
Aún así, tu reseña y el comentario de Pedro, reafirman mi teoría de que los blogs son espacios interesantes e interactivos, el tuyo es prueba de eso.
Un abrazo.

Liliana dijo...

Me encantaría publicar otras "visiones", que alguien me ayude a ver lo que no logro ver. Espero tu nota. Y sí, este espacio es lo suficientemente amplio como para disentir, compartir, aprender y enseñar.
Un abrazo a ambos.

Andrea Estrada Gutiérrez dijo...

Liliana me gustó leer este texto sobre esa película. Como ya sabes, yo estudio comunicación y en una materia hicimos el análisis comparativo entre esta película y Silverado (obra que a mi parecer es realmente un ejemplo estricto del género)... obviamente el tema desarrollado fue el Western.

Finalmente y luego de hacer el análisis sobre el género, estoy de acuerdo con tu posición, creo que es un capricho y casi que una burla al mismo género por parte del autor.

Liliana dijo...

Hola Andrea, bienvenida. Es un placer tenerte por aquí.
Si tienes algo escrito sobre esa comparación sería lindísimo poder publicarlo en este blog.
Yo no sé si se trata de una burla, pero sí creo que es una especie de "reblandecimiento" por parte de Eastwood (director que se ha convertido en intocable, no sé aún por qué: "Los puentes de Madison" me provoca naúseas).
¿Será que yo espero algo a la altura de los westerns de Ford y de Leone?

yukisenci dijo...

¿Entonces estos llamados "expertos" en cine festinan otras peliculas, faltas de recursos técnicos y materiales, que son buenas porque les ayudaron a los primeros críticos a encasillar en géneros arbitrarios lo que es arte?

Y "The bridges of the Madison County" dicen que es un basura nauseabunda y Unforgiven es el ocaso del director que regalo al mundo Mystic river(al rato mencionaran que pertenece al genero de las peliculas Deprimentes y la compararan con Citizen X o algo así).

Ponen por los suelos, degradan y jubilan a un gran artista con una visión como para llevar a cabo One million dollar baby (con la cual harán una inutil comparación con Rocky 3 o una pelicula de Jan Claude Van Damme)... Hasta compararan... Cartas desde Iwo jima
(de el género de chinos para quines pretenden sentirse seguron encasillano las cosas -aunque sean japoneses-) con los 12 magnificos o incluso con una de Bruce Lee.

Cabe un poco de modestia, ya que al paso del tiempo el señor Clint Eastwod se ha confirmado como un artista muy respetado con una sensibilidad y visión envidiables , el Director más importante de la última decada y sobretodo un ser humano que trascendera más allá de su vida natural (algo que muy pocos logran) a pesar de los vaticinios ocasos y fracasos en su carrera y vida.

Liliana dijo...

Lo dicho... es un espacio para disentir, así que bienvenido tu comentario. Las clasificaciones no las realizan los críticos sino los historiadores del cine. No hay que mirar en desmedro los géneros, forman parte de la cultura popular.
En fin... gracias por tu aporte a la discusión.

Papelucho dijo...

Hoy por fin pude ver esta película, después de años de espera. Por diversos motivos no había podido hacerlo.
En fin, no era lo que yo esperaba, y menos para una película ganadora del Oscar (¿reconociemiento al género o a Eastwood?) Y la volví a ver, para saber si se me había escapado algo, si no había entendido alguna cosa, pero no, era así tal cual, y para nutrirme, buscando en internet me encuentro con tu post, del cual encuentro muchas concordancias con el sabor que me dejó la película.
Bueno, esa era mi humilde opinión, saludos!

Liliana dijo...

Gracias, Papelucho. Ya no me siento la "mala" de la película. Yo la he vuelto a ver varias veces y no logra encantarme (bueno, nada de Eastwood, porque tengo mi teoría sobre su obra, que algún día escribiré). No le quito mérito como director, me hace ruido en lo ideológico.

Ivan dijo...

Pues para mí es una de las mejores películas de todos los tiempos.
Incluso para la propia academia cinematográfica de EEUU, es la número 85 en toda la historia, entre las 100 mejores.
Por otro lado, no es una película de vaqueros. El tema es un pretexto para ahondar en la condición humana. Así como Million Dollar Baby no es acerca del box. Hay que darle una mirada menos superficial a lo mostrado directamente.