30 marzo 2007

Alumbramiento

(Para ver el corto, hacer clic aquí)


UNA CLASE DE CINE
Liliana Sáez

Lo hemos dicho varias veces en este blog. Víctor Erice es un maestro. Su escasa filmografía basta para instalarlo entre los mejores (si no el mejor) director de cine español. Hace muy poco tiempo fue invitado a participar en un film colectivo, donde él aportó Alumbramiento, un corto de casi diez minutos, con una secuencia de planos que habla del mismo universo al que pertenece una de sus películas (la más hermosa, a mi entender), El espíritu de la colmena.

En esos diez minutos están presentes tres de sus temas favoritos: el entorno realista, la fantasía infantil y la guerra. Estructurada a la manera clásica –introducción, conflicto, desenlace–, la habilidad de Erice radica en que casi sin diálogos (que aparecen casi al final del film) y con una serie de planos cortos, rodados en blanco y negro, y algunas disolvencias y sobreimpresiones, nos va narrando no sólo la acción, sino que también va instalando en el espectador la sensación del ritmo que se vive en una casa. Cada personaje es definido con un plano... no son los actores los que hablan, es la cámara la que nos relata.


Un niño recién nacido, una mujer que duerme un sueño intranquilo, una mancha de sangre que se va expandiendo por la ropa del bebé.

Un niño que dibuja un reloj en su muñeca y que lo acerca a su oreja para escuchar el tic-tac (¿dispara una especie de cronómetro fatal?). Un reloj verdadero que marca la hora de la siesta, y cuyo péndulo irá pautando cada uno de los segundos de la película.

Dos hombres en la sala, uno juega al solitario, el otro dormita en el sofá. Un suave tilt up nos muestra las fotografías de la pared sobre el respaldo del sillón.

El bebé, la madre, la mancha...

Una máquina de coser que borda un babero, una mujer que amasa en la cocina y que apoya la jarra sobre un diario que muestra la fotografía de tres soldados
(los títulos narran la llegada de los alemanes a la frontera española).

El bebé, la madre, la mancha...

Dos hombres siegan el campo, una mujer tiende la ropa, un soldado trenza una cuerda. Un suave tilt down nos muestra que ha perdido una pierna...
(¿en la guerra?)

Corte a dos pies balanceándose (ya nos genera cierta angustia, hemos visto al joven lisiado, ahora vemos dos pies colgando), pronto Erice nos muestra a una niña hamacándose.

Un perro duerme... un espantapájaros en el campo... disolvencia al bebé
(por un momento vemos una cruz, la del espantapájaros, dibujada sobre el cuerpo del niño, nos genera inquietud). La mancha de sangre sigue expandiéndose.

Una gota cae en un lavamanos y su ruido marcará ahora los segundos. Sobreimpresión sobre una de las fotos de la pared. En una panorámica de la fotografía, que se detiene en el borde izquierdo vemos a un hombre joven: En un bar de La Habana, el hombre posa junto a su personal en un almacén. De allí, pasamos al habano que actualmente aprisionan los dedos del hombre que dormita en el sofá
(con esos únicos dos planos, ya nos contaron su pasado), un auto con placa cubana está frente a la casa. Allí, un encuadre nos muestra a dos niños en la parte delantera del auto; otro, a dos niñas en la parte posterior; un nuevo encuadre integrador enfoca a los cuatro niños que juegan.

Dos mujeres lustran zapatos, un tilt down nos muestra una colección de los zapatos de la familia
(y el trabajo realizado o por realizar de estas dos mujeres). Los hombres siegan el campo, un pájaro arroja un fruto al suelo, donde aparece una culebra (nuevamente sentimos cierta inquietud).

El perro dormido, el espantapájaros, el bebé, un gato que ingresa al cuarto, que se asoma a la cuna, el niño que llora, la mujer que cuelga la ropa atiende al grito que rompe el silencio de la tarde, los niños corren hacia la casa, el sofá queda vacío, la cocina ha sido abandonada... Tilt down y paneo sobre los rostros de los personajes asomados a una puerta: el viejo, la mujer que tendía la ropa, los niños; la cocinera, junto a las dos mujeres que lustraban zapatos tratan de calmar al bebé, la cocinera anuda el ombligo, el niño llora, la mujer en la cama es acompañada por el marido (el del habano), quien aprieta su mano tratando de calmar su angustia, la cocinera les alcanza el niño, los personajes de la puerta sonríen...

Un canción de campo rompe con la secuencia de imágenes que nos ha generado cierta angustia, mientras vemos la silueta de la mujer que tiende una sábana, en un plano hermosísimo, que nos instala de nuevo en una zona de tranquilidad.

En picado el lavamanos, donde alguien sumerge la ropa del bebé manchada de sangre para lavarla, la máquina de coser termina de bordar el nombre del niño en el babero, el niño borra el reloj imaginario de su brazo (¿será en otra oportunidad?), los segadores siguen con la tarea que no han interrumpido, la niña se hamaca, el perro duerme, el soldado sigue trenzando la cuerda, el niño del desván cierra la puerta, disolvencia al péndulo del reloj, disolvencia a la foto del diario que está sobre la mesa de la cocina. Una mancha
(¿de agua? ¿de sangre?) avanza sobre la foto de los tres soldados, vemos la fecha del diario: 28 de junio de 1940 (dos días antes de que naciera Víctor Erice). Disuelve a negro.


Serie de planos conjugados con maestría, cuánta información obtenemos, cuánta angustia nos invade mientras vemos en un ritmo apacible la secuencia de imágenes premonitorias. Ver este corto es querer apresarlo en la memoria (creo que se nota, la descripción casi textual, las imágenes describiéndolo, el link al propio video). Sólo que desmenuzándolo se nota el artilugio con el que Erice logra embaucarnos y angustiarnos con una historia de final feliz. ¿Feliz? Los rastros de la guerra son los verdaderos elementos desequilibradores.

Queda pensar si estamos ante una historia autobiográfica, si es un discurso sobre la guerra como futuro del niño, como amputación de la vida, si es una historia breve con final feliz y algunas trampas para angustiarnos...

De lo que no me cabe duda es que estamos ante un verdadero maestro, un señor que sabe contar una historia, involucrar al espectador, armar personajes sin que digan una palabra, utilizar la imagen (¿qué otra cosa debe ser un director?) para narrarnos una historia y para dejarnos pensando en algo tan profundo como la vida y la muerte.








Dedicado a mi profesor, Alfredo Roffé.

16 comentarios:

cacho de pan dijo...

liliana, por favor, que exhuberante y exhaustivo análisis...erice estaría fascinado y yo voy corriendo a conseguir la peli...

Liliana dijo...

En el título "Una clase de cine" hay un link al video. Sé que el post luce un tanto redundante, pero no tengo otra manera de expresar mi admiración por Erice.
Me alegro que te haya empujado a conseguir la peli. Un abrazo.

cacho de pan dijo...

gracias por avisar, no me había dado cuenta...ahora me pondré a verlo...

canichu dijo...

Me ha gustado mucho las formas de presentar este post. Me ha pare4cido una gran idea exponer los fotogramas como los has puesto. Muy original y expresivo. Un saludo.

Liliana dijo...

Qué bueno que te haya gustado, canichu, pues tengo días trabajando en él; para ser más exactos, desde que vi "El laberinto del fauno". Asocié esa película con "Alumbramiento", quizá por el tema de la guerra y de la fantasía, por el del nacimiento y la muerte... y quise compartir todo lo que había visto en el corto de Erice con quienes me leen y disfrutan del cine. A veces pienso que no hace falta tanto despliegue para decir aquello que nos preocupa.
Un abrazo.

cacho de pan dijo...

liliana: he visto el corto y me parece excelente salvo por cierta "estlización" que no me parece le caiga (hablo en plan modista de barrio) bien al tema...

Juan Cosaco dijo...

Gran comentario para un gran corto.
Qué sugerente, qué historia tan genial, mezcla de tiempos... con ese reloj siempre acechando, avisando de que todo pasa...
Me ha llegado, muchas gracias!
Salud!

Liliana dijo...

Cachodepan, "cierta estilización"? a qué te refieres? Para mí, todo lo que condensa en solo 10 minutos, ya sea en lo formal como en su contenido, me parece justo, medido. Y, en lo plástico y en lo poético, no dudo estar frente a Erice, con su estilo tan particular e inconfundible.
Todo esto que te digo no me impide respetar tu lectura.

Liliana dijo...

Juan, gracias a ti por tu visita. Y si te ha llegado, este post ha cumplido su función.
Un saludo.

Andrés David dijo...

Por fin me senté a ver el corto. Has nombrado a Erice tantas veces y apenas ahora veo algo de él. Impresionante.

Al principio, pensé que la mancha era de la madre y no del niño. Al leer uno de tus comentarios entendí por qué: la asociación con "El laberinto del fauno" se hace rápidamente, no solo por los temas sino por ciertas imágenes, por el ambiente, por el ritmo pausado (que en el "Laberinto" termina pronto para dar paso a una angustia más veloz).

El agua manchando la noticia, lavando lo que allí se expone, tratando de limpiar, sin lograrlo del todo pues sólo alcanza a borronear.

Me encantó, sigo pensando que es impresionante la forma como cuenta todo sin usar palabras. Desde mi posición de dibujante sé lo difícil que es lograr que la composición de cada plano nos meta en la historia. Y los pequeños detalles en el montaje, el reloj pintado con sus doce, los doce del reloj funcionando, las doce fotos, los dos segadores que marcan el tiempo como manecillas, las parejas que se forman en toda la casa...

No sigo. Escribo desde el estómago y el corazón porque recién lo veo y te leo Lili. Gracias.

Liliana dijo...

Andrés, has encontrado más imágenes e ideas en el corto. Eso es lo maravilloso de Erice, que SABE hacer cine, pero además, tiene una infinita SENSIBILIDAD para expresarse.
Me alegra muchísimo que te haya gustado.

Raúl dijo...

Acabo de ver el film, que bajé de Internet para ver a pantalla completa. ¿Qué agregar a lo ya dicho? Es una pequeña gema de cine puro. Todo lo que dice Lili puede verse con claridad: los trazos de los personajes, meramente visuales; el horror de la guerra, el paso del tiempo.
No sé por qué... ¡pero cómo me angustiaron los planos del gato!
Cine de sensaciones, sensación permanente de cine. Brindo por la vigencia de Erice. Una pregunta final me asalta: ¿por qué otros directores, visiblemente malos, son tan prolíficos?

Liliana dijo...

El gato, como el espantapájaros son falsos elementos premonitorios. ¿No sentiste que Erice jugaba con vos? Yo sí lo sentí, pero también sentí que a pesar de esas "trampas", me estaba hablando en serio.
Para tu pregunta no tengo respuesta.

empiezo a entender dijo...

....hermoso.

Vigi dijo...

Hola Liliana, bueno no se si te comenté pero tuve la oportunidad de hablar con Erice, no es broma, el ser más espiritual que he escuchado en mi vida.
Precisamente nos estuvo hablando sobre este corto, nos habló sobre todo el proceso de creación, etc., bueno pues te cuento una de las curiosidades que nos dijo, en un inicio no estaba programado que se hiciera en blanco y negro, sino a color, pero ciertos fallos técnicos hicieron que la copia a color no fuera válida, así que tenía pensado desecharlo y empezar de nuevo, hasta que lo visionó en blanco y negro, y se dió cuenta que de esta forma quedaba mucho mejor y solucionaba el problema del color.
Con esta simple anécdota, sólo quiero hacer ver, que a veces la casualidad juega un papel importante en un mundo tan estructurado como es el del cine.

Un saludo.

P. D.: Liliana perdona por lo de la página esa de amigos (Hi5), creo que te la envié sin querer, ya que se me mandó a todos los contactos.

Liliana dijo...

Eso es cierto. Recuerdo que una vez el director de País Portátil, una de las películas venezolanas que más me gustan, contaba algo parecido con la escena más lograda de su film. La casualidad o lo imprevisto les obliga a tomar decisiones que juegan a favor.
Erice sabe lo que hace, en b/n y en color... El corto es un ejemplo de cómo se cuenta una historia, con escasos recursos y con un gran apoyo del lenguaje cinematográfico.
Un saludo, Vigi, y gracias por este aporte.