09 mayo 2006

Documental + ficción = El sol del membrillo


Es una de mis películas favoritas. Erice todo lo es. Pero este filme tiene la particularidad de coquetear con el documental y la ficción, y no lo hace de esa manera deplorable en que terminas decepcionado porque no es ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario. Aquí suma.
Esta crítica la escribí hace tiempo, pero sigo identificándome con lo que allí digo.
LS



EL SOL DEL MEMBRILLO

Víctor Erice deja transcurrir años entre obra y obra. Pero cada vez que las da a conocer nos sorprende. Incorporadas a la historia del cine, El espíritu de la colmena y El Sur son filmes singulares y representativos, no sólo de la trayectoria de su realizador, sino de una época de España. Íntimas y cálidas son, sin embargo, muy fuertes. Su última obra, El sol del membrillo fue exhibida ante el imperturbable desinterés de los distribuidores, que no la han considerado lo suficiente comercial.

Imagen enmarcada en otra imagen, dos seres, dos creadores ansiosos por suspender la vida, por capturarla y ofrendarla. Así, Antonio López –reconocido pintor español– es el sujeto filmado por Víctor Erice. A su vez, Antonio López escoge otro sujeto para inmortalizar, el membrillo que ha sembrado hace años en el patio de su casa.

Construida como un documental, en el que los personajes se representan a sí mismos y las acciones filmadas son las que ellos realizan, la película de Erice va más allá del clásico género para coquetear con la ficción, ofreciéndonos un producto diferente a los que como espectadores estamos acostumbrados a percibir.

La cámara registra los preparativos del lienzo, el entorno familiar, los amigos, los albañiles, los ruidos del vecindario... El detenimiento de Erice en el detalle nos permite seguir cada uno de los pasos. La mirada acuciosa, la elección del ángulo, la demarcación del espacio. Pinceladas sobre los frutos, sobre los muros, determinan marcas precisas a los ojos del pintor. La extensión de líneas y el uso de la plomada servirán para resolver los trazos que le darán equilibrio al modelo y permitirán plasmarlo casi con equivalencia en la tela.

Antonio López desarrolla un ritmo que busca el encierro del modelo en límites precisos, la ubicación de la mirada que queda presa entre los cordeles que encierran el árbol, así como el ángulo de visión determinado por la posición de los pies, fijos al suelo, que movilizan el cuerpo férreamente.

El membrillo en otoño le debe su iluminación a fugaces rayos solares que López intenta perpetuar. Así, Erice nos ofrece una dulce lucha entre el pintor y el paso del tiempo que amenaza con quitarle la posibilidad de concretar su obra. López sigue diariamente una realidad concreta. La maduración de los frutos, futura muerte, estableciéndose así una relación intimista con esa muerte, a la que desafía cotidianamente para ganarle en el transcurrir del tiempo.

Cine y pintura se plantean como vehículo ante la necesidad de mostrar una doble realidad: la del árbol frutal, la del pintor frente a su obra. Lucha sutil ante lo inexorable, visible en el proceso de maduración del árbol, imperceptible en el envejecimiento del hombre. Esfuerzo por captar un momento. La pintura detiene la vida. El cine le agrega movimiento. Sin embargo, ese movimiento es el que nos entrega la realidad de lo perecedero, de ese transcurrir que promete la muerte a los seres vivos.

Partiendo de una necesidad similar –la intención de capturar un instante de vida– el cine y la pintura nos ofrecen dos situaciones contrastantes. La pintura expresa el momento de mayor esplendor del membrillo. El cine nos ofrece su decadencia. Así mismo, el cine nos permite espiar la impotencia del pintor, quien frente al paso del tiempo y a las inclemencias del clima, se ve limitado a pintar un modelo sin lograrlo realmente.

Los sonidos ambientales que responden al día de la semana que transcurre –domingos apacibles, lunes ruidosos–, así como las noticias narradas por el radiorreceptor, nos ayudan a enmarcar, desde el cine, al pintor y a su modelo. Es un entorno real, histórico, documental. Sin embargo, las visitas que López recibe mientras pinta, las conversaciones con los albañiles extranjeros, han sido previstas en un guión, detalle necesario para entender el coqueteo de Erice con un género ambiguo que se balancea entre documental y ficción.

La sencillez de la película se apoya en el desarrollo cronológico, el ritmo pausado, demorado en la observación y enriquecido a través de sobreimpresiones elípticas y fundidos a blanco puntuales. El sol del membrillo cuenta con un orden consciente, en el que están claramente delimitados los roles de la pintura y del cine. Erice plantea un discurso honesto, en el que hay un compromiso frente a la realidad. Tanto a la ofrecida por el membrillo al pintor, así como la del pintor frente a la cámara cinematográfica, obteniendo el espectador una experiencia lúcida, en la que ambas realidades se conjugan ante sus ojos.

Liliana Sáez

Publicado en Encuadre nro. 43, Consejo Nacional de la Cultura, Caracas, agosto 1993, pp. 61-62.

16 comentarios:

Marc Jardí dijo...

Liliana... menos mal que hay gente como tú que recuerda esta película, que habla de ella... que la vive.

Espero que tu escrito anime a la gente a ver esta obra de arte inigualable.

Para mí "El sol del membrillo" es la mejor película de la historia del cine español y Erice, el mejor director, con permiso de Buñuel.

Pedro Maza dijo...

Mea culpa, todavía no la he visto.

Liliana dijo...

Marc: Por años, para mí, el mejor director de cine español fue Saura (y sí, que siga perdonándonos Buñuel)... y "El espíritu de la colmena" era una obra hermosa de alguien a quien no relacionaba con nada. Era como una isla. Hasta que vi "El Sur" y "El sol del membrillo". Ahí reconocí al autor, me reconocí en su cine, y pasó a ser Erice mi director español favorito.
De las tres, la que más me conmueve por lo intimista y sentida es "El sur", por su posición política, "El espíritu de la colmena", y por su llegada al arte desde el cine, "El sol..."
Espero ansiosamente su próxima película.

Pedro: tienes que ver las tres, te van a gustar, seguro. Trata de verlas en el orden en que las realizó. Descubrirás a un ser sensible haciendo cine/arte.

Marcela Barbaro dijo...

Yo creo que a Buñuel no hay que pedirle permiso ni pedir que nos perdone. Lo digo porque, al igual que uds., es uno de mis directores preferidos pero es muy diferente a Erice. Son incomparables. Cada uno con su estilo y sus formas. Ambos coinciden no sólo en su sensibilidad sino también en manifestarse implícitamente (y no tanto) contra políticas represivas y totalitarias y como eso repercute en la sociedad y en la vida de cada persona.

Lili, tendré que ver El sol del membrillo, porque la tengo pendiednte y más aún después de tu nota.

Marc, viste que se sigue hablando de películas viejas. Qué bueno, no?. Digo porque nos paso lo mismo con Murnau y con Bergman. Del pasado aprendemos a realizar juicios críticos con el cine del presente. Aunque eso, a veces, nos provoque dolores de cabeza.

Saludos.

Liliana dijo...

Buñuel juega con mi razonamiento... Erice con mis sentimientos. Son diferentes, es cierto. Algún día don Luis tendrá un lugarcito aquí.

Daniel dijo...

Nunca había pensando en esta perspectiva que -aunque parece obvia- no estaba en mi almacen del "sentido común".

Siempre me pareció que una mezcla entre documental y ficción simplemente no era una opción, pero ahora leyendo está reseña no sólo tengo curiosidad de ver esta fusión sino de ver esa historia medio trágica del pintor tratando de ganarle la carrera a la vida.

Me imagino unas tomas cautelosas, con ese brillito especial del un sol complaciente sobre los 35mm. Qué bonito.

No conocía a Erice y ahora siento muchas ganas de verlo.

P.D: Perdón si dije alguna aberración técnica, sólo tengo el conocimiento de un aficionado desjuiciado :)

Liliana dijo...

Daniel: Trata de conseguirte sus pelis, seguro te van a gustar

Marc Jardí dijo...

Veo que el artículo está consiguiendo lo que tanto deseaba: curiosidad por ver a Erice.

Me alegra mucho.

¡Viva Erice y la madre que lo parió!

Marc Jardí dijo...

Veo que el artículo está consiguiendo lo que tanto deseaba: curiosidad por ver a Erice.

Me alegra mucho.

¡Viva Erice y la madre que lo parió!

Joaquín Llorca dijo...

Si, viva Erice! es de esa casta de artistas que solo habla cuando tiene algo que decir, que su producción es de economía, como Malick o Zulueta.
Puede ser que Saura sea el mejor director español, pero Buñuel es otra cosa, es un artista que hizo cine y que ha dejado una contribución incuestionable y valiosa a este planeta cultural; Saura es un director de películas (aunque pinte).
En cuanto a lo de ficción vs documetal, pienso que esas diferencias se obvian cuando uno acepta que un documental es ficción, solo usa una materia prima diferente, ya hecha, un ready-made pero al fin y al cabo manipulado.
Que viva Erice (y Liliana por traerlo).

Liliana dijo...

Ah... Zulueta y "Arrebato": querible a más no poder.
Buñuel: incuestionable, pero distante.
Y sí, la discriminación entre ficción y el documental es simple ganas de discutir sobre algo que de todas maneras es subjetivo, por donde se lo vea. Simple pretexto para hablar de una peli como "El sol del membrillo", que vi hace mucho y su magia todavía perdura en mi retina.

canichu dijo...

y yo que aún no he visto esta película, en fin, julián, buen hombre, que me pasaba para saludarte y ver qué te contabas de tu vida en el blog... bueno, quien dice vida dice percepciones en tu vida, en este caso cine. puers eso: SALUDACOS, COMPAÑERO

Juan Cosaco dijo...

En "El Sur" de Victor Erice, aparece mi tío tocando el acordeón - parte d la banda sonora es suya.
Sobre el sol del membrillo, la vi hace mucho, pero me gustó mucho cuando llegan los japoneses y le dicen a Antonio que a ver porqué no saca una foto en lugar de pintar el cuadro. Muy revelador de cómo entienden algunos el arte! jajaja
Salud!

Liliana dijo...

Qué bueno es tener un músico en la familia. Y si parte de la banda sonora de El Sur es de él, tienes un gran privilegio. Felicitaciones por ese parentesco.
Y sí, hay toque de humor en esa escena de los japoneses, aunque no creo que ellos entiendan el arte así, sino más bien, creo que entienden sobre cómo apresar el tiempo que se va de la manera más rápida posible.
Sé que tu comentario no es discriminatorio ni subestima a los japoneses. Entendí el guiño.

Juan Cosaco dijo...

Efectívamente, me refería a los personajes de la peli, no a todos...
Hace poco pude conocer Tokyo, y te digo que los japoneses tienen un montón de cosas de qué preocuparse.
En la peli de Iñárritu se ve claramente: tienen todo lo material, pero han dejado algo por el camino...

Liliana dijo...

Tendré que ver esa peli.