02 febrero 2009

Sólo un sueño, de Sam Mendes


ENFRENTADOS A UN ESPEJO
Marcela Barbaro

Para la sociedad norteamericana, los años cincuenta no fueron de los más alentadores: la paranoia por la Guerra Fría, el modelo patriarcal autoritario sobre el hogar, la caza de brujas hacia los rojos, la irrupción de la TV, filtrando modelos de familia políticamente correctos, y el sistema en manos de Eisenhower, tratando de sostener el american dream.

A partir de ese contexto, surge la novela de Richard Yates publicada en 1961, que da cuenta de cómo todo ese malestar social provoca una crisis matrimonial y replanteos individuales en el seno de una familia tipo de clase media.

Basándose en la novela, el director británico Sam Mendes (Belleza Americana, Camino a la perdición, etc.) realiza una muy buena transposición a la pantalla grande, interpretada por la dupla de Titanic: Leonardo Di Caprio y Kate Winslet.

El joven matrimonio Wheeler (Di Caprio y Winslet) tienen dos hijos y viven en los suburbios de Connecticut. Estaban llenos de sueños. Pero los años pasaron. Él trabaja en una empresa donde su padre pasó veinte años y nadie lo recuerda. Ella es una actriz frustrada, que lidia con su rol de madre y ama de casa. Le pesa sentirse diferente. A él lo corroe el mandato paterno, teme transformarse en alguien que pase inadvertido. Ambos, se hallan inmersos en la rutina y presos de un sistema lleno de hipocresías (como sus vecinos) y conservadurismo, que los llevará a una profunda crisis.

El film tiene reminiscencias de los melodramas comprometidos de Douglas Sirk y de Nicholas Ray. Bajo esos modelos narrativos, Mendes retoma el discurso crítico y dramático de Belleza Americana, pero lo intensifica. Logra generar un clima claustrofóbico, dramático y agobiante, donde las miradas, los silencios y los espacios vacíos cobran un rol trascendental. A esto se suma el trabajo de Di Caprio y Winslet, que están como nunca.

Mendes traslada en boca de sus personajes el vacío desesperanzado, el valor que se necesita para llevar la vida que uno desee sin ser fagocitado por el sistema, el precio del libre albedrío y la fragilidad de los sueños.

Pero, también pone el acento y su mirada sobre rol de la mujer, en la represión subliminal del género y cómo ese malestar silencioso se transforma en una suerte de ritual. Una situación que recuerda al personaje de Julianne Moore en Las Horas (2002).

Revolutionary Road es como espejo atemporal sobre una sociedad que insiste en verse linda, al igual en que en los cincuenta.

3 comentarios:

Liliana dijo...

Habrá que verla... tengo varias en la fila. Volveré con argumentos. Prometido.

cacho de pan dijo...

es una película magnífica, seria, profunda...con secundarios perfectos y dos protagonistas en su mejor momento; no se entiende que ninguno de ellos haya sido nominado para el Oscar por estas actuaciones...demasiado dura tal vez?
he puesto un post en mi blog sobre este film hace algo más de una semana
(perplejidades, 28 de enero)

Raúl dijo...

Con todo respeto por la crítica de Marcela (que es excelente como tal) a mì la peli me pareciò un refrito - malo - de la ya de por sì pretenciosa "Belleza americana"...