04 octubre 2009
Hasta siempre, Negra
01 octubre 2009
El tango, patrimonio de la humanidad
LS
25 septiembre 2009
Ateneo: reunión de sabios y artistas

Por años (veinte, para ser precisos) mi vida transcurrió en un espacio de Caracas, donde llega el metro a la estación Bellas Artes, porque muy cerca está el Museo con ese nombre, junto al de Ciencias, el Ateneo de Caracas y el Teatro Teresa Carreño.
La Cinemateca, lugar que recorría al final de mi jornada de trabajo y durante los fines de semana, cuando se mezclaba labor y ocio, también estaba en ese núcleo cultural de una ciudad pujante, rodeada de cerros y animada por un clima agradable, estable todo el año.
Ponerse al día con la cultura era estar en ese eje que hoy se demoniza, pero que no sólo formó a toda una generación, sino que era el escaparate donde los venezolanos con su magnífico talento podían demostrar su arte. Y no sólo los venezolanos, sino muchos de mis compatriotas que, como yo, fueron recibidos con los brazos abiertos por ese país generoso. Ellos pudieron desarrollar libremente su arte, sin las ataduras y la censura a la que se veían sometidos en este Sur angustioso de los 70.
El Ateneo, un edificio de concreto, sólido en su estructura y vidridado en sus paredes laterales, ofrecía espacios integrados a la vegetación del parque Los Caobos que lindaba con los terrenos de todos estos espacios culturales.
Allí pudimos ver puestas en escena de Cabrujas, de Carlos Giménez, el prestigioso Festival Internacional de Teatro, los festivales de cine francés, español, brasileño, argentino… imposible recordar todo lo que vimos en la Margot, como se denominaba la sala de cine, en honor a esa señora que honra con su obra al cine venezolano: Margot Benacerraf. Allí vi, entre muchísimas películas, un ciclo completo de Glauber Rocha; pude hacer un recorrido por el cine de mi país en una retrospectiva de unas 25 películas que se iniciaba en 1952, con Las aguas bajan turbias, de Hugo del Carril, hasta 1993 con Gatica, el mono, de Leonardo Favio.
No era un cine comercial el que se exhibía. Como bien se subtitulaba la sala de cine, era de Arte y Ensayo. Tuvo el beneplácito de los intelectuales de entonces, de los profesores de Artes (me consta, fui alumna de ellos), de los artistas que allí exponían obras de proyección internacional. Como las salas de artes plásticas, este espacio nos llenaba de orgullo a quienes vivíamos en Caracas, por la calidad de las obras, por la propuesta actualizada y vanguardista en muchos casos. Ese espacio era como la segunda casa de uno.
En el Ateneo trabajé antes de ocuparme de la programación de la Cinemateca. Mi primer trabajo de recién graduada: debía crear un videoclub en la librería del Ateneo (la más prestigiosa, sin duda, en los 80) que se diferenciara de todos los clubes existentes. Nada comercial, para entendidos, para iniciados… Una propuesta que había surgido de la mente lúcida de Sergio Dahbar, quien contagió a Víctor García, el gerente, que confió en mí. El sueño del cinéfilo: comprar aquellos videos que me gustaban, elegir el cine que me habían enseñado a apreciar en la Escuela de Artes de la UCV. Esos espacios eran queribles para mí.
Hace unos días se grabó allí “Aló Presidente” y recién hoy pude ver fragmentos en video de ese programa que estuvo dedicado a la inauguración de la Universidad Experimental de las Artes, nueva habitante del Ateneo. El presidente Chávez recorría los pasillos y algunos de sus seguidores, encargados de la transformación del espacio, le iban relatando para qué se utilizaban los distintos salones: los Espacios Cálidos, si habrá alojado exposiciones de pinturas y de fotografías… según ellos eran lugares cerrados que sólo se utilizaban para las ferias artesanales. Por favor… no hace tanto allí se podían ver, por ejemplo, las fotos de Robert Capa…
Luego se dirigieron a la sala de cine, donde dicen que los estudiantes verán cine para aprender a filmar… esa era una de las funciones que cumplía la Margot; lo sé porque fue testigo de mi formación cinéfila y académica. Habían colocado algunos afiches de las últimas producciones de la Villa del Cine, como para demostrar que ese es el arte popular que se espera desarrollar a partir de ahora…
Me siento mal, me duele la cabeza, me duele el estómago, tengo ganas de llorar, sobre todo cuando veo a aquellos que eran niños mimados del Ateneo renegar de lo que ofrecía ese espacio. Ver a Hernández Montoja, a Donald Myerston, Nicolás Curiel o, peor aún, al que fue considerado el mayor cineasta venezolano, Román Chalbaud, como pobres obsecuentes de un presidente que inaugura un espacio ya creado (existen las escuelas de Bellas Artes y, a nivel universitario, la Escuela de Artes de la UCV) para, dicen, permitir el acceso del Pueblo (palabra bastardeada hasta el cansancio) a los espacios que ocupaban los “mercaderes de la cultura”. Román, ¿te has parado a pensar qué diría Cabrujas si te viera balbuceando unas palabras sin sentido para justificar lo injustificable?
A veces pienso que quizá sea cierto que ese lugar tan querido haya sido marginal y, en algún sentido, elitesco… pero nunca estuvo cerrado. Sólo que el sistema dejaba afuera a cantidad de personas que no sabían que existía o ni siquiera tenían la inquietud por acercarse. Yo creo que la labor del gobierno no debe ser la de reproducir instituciones paralelas para ponerlas al alcance del “pueblo”. Creo que debería formar a ese “pueblo” para que tenga el mismo acceso que tuvimos quienes con suerte supimos aprovechar lo que nos ofrecía.
Mientras miraba el video donde los funcionarios mostraban los espacios al presidente, me parecía estar viendo a los chinos recorriendo la Ciudad Prohibida. Hermosa, pero vaciada de contenido, no una obra de arte arquitectónica, sino la muestra del ocio y de los vicios de la monarquía.
No se está construyendo, sino que se están abordando los espacios, a la manera de los corsarios. Es triste que no se conserven los sitios positivos, que no se construyan los que falten, que no se forme a la gente para que pueda acceder a ellos… Y lo más triste es que cuando se vaya este gobierno, el que venga, borrará de la faz de la tierra lo que se están preocupando en construir… Esto es lo que se está generando, y no es positivo. Recuerdo un edificio fantasmal muy cerca de La India, en El Paraíso, la estructura de lo que iba a ser el Hospital de Niños, en construcción durante el gobierno de Pérez Jiménez. La democracia no tuvo la grandeza de aprovechar la estructura y allí quedó, igual que El Helicoide, desaprovechados, como muestras de una época pretérita.
Me dueles, Venezuela.
23 septiembre 2009
Felices 60, Bruce
10 septiembre 2009
El espectador imaginario - Septiembre 2009

Investigamos (con motivo del estreno de Enemigos públicos)
Cine de gangsters, por Manu Argüelles
Enemigos públicos, por Arantxa Acosta
Enemigos públicos, por Manu Argüelles
Enemigos públicos, por Javier Moral
Cinerama
Cineclub, por Arantxa Acosta
Los chavales del arroyo, por José Miguel Viña Hernández
Pack Guerín, por Liliana Sáez
Ciclo: El delator en el cine, por José Miguel Viña Hernández
La mirada del otro (críticas)
Anticristo, por Javier Moral
Brüno, por Manu Argüelles
El año que mis padres se fueron de vacaciones, por Manu Argüelles
El lector, por Marina Villelabeitia
El secreto de sus ojos, por Liliana Sáez
Libertador Morales, el Justiciero, por Pablo Abraham
Mapa de los sonidos de Tokio, por Arantxa Acosta
Parador Retiro, por Marcela Barbaro
Resacón en Las Vegas, por Javier Moral
Return to Bolivia, por Marcela Barbaro
Hemos habilitado comentarios para cada nota y el Libro de visitas sigue habilitado por si quieres compartir tu opinión con nosotros.
Serán bienvenidos.
08 agosto 2009
El espectador imaginario - Julio/Agosto 2009
Esperamos que disfruten leerlo tanto como a nosotros nos ha gustado realizarlo.

Investigamos (con motivo del estreno de Paranoid Park en España)
El sutil personaje. Lo que queda de Gus van Sant, por Sandra Cuesta
Last Days, por Arantxa Acosta
Gerry, por Manu Argüelles
Elephant, por Liliana Sáez
Paranoid Park, por Manu Argüelles
Paranoid Park, por Arantxa Acosta
Paranoid Park, por Sandra Cuesta
Cinerama
Ojo al cine, por Luis Ospina y Sandro Romero Rey
La película que no se ve, por Marcela Barbaro
Shangri-la, por Liliana Sáez
La mirada del otro (crítica)
Ashes of time Redux, por Arantxa Acosta
Tetro, por Manu Argüelles
Home, por Liliana Sáez
Tres días con la familia, por Paula Segovia
Despedidas, por Arantxa Acosta
Katyn, por Liliana Sáez
Tres monos, por Manu Argüelles
Secret Sunshine, por Manu Argüelles
Up, por Javier Moral
01 agosto 2009
Tren de sombras, José Luis Guerin
Volver a la prehistoria del cine y resignificarla.
Redescubrir que no hay más que imágenes fijas, que en su proyección continuada dan la sensación de movimiento.
Revelar un misterio ya develado.
Encontrar en la mesa de montaje el juego de componer una historia a partir de imágenes sueltas.
Compartir con el espectador ese descubrimiento.
Volverlo cómplice sin que él lo sepa.
En tres fases bien definidas, pero compenetradas entre sí, se nos ofrecen múltiples significados para un posible desenlace.
Una historia narrada,
espiada,
descubierta,
desenmascarada.
Esa fascinación por el rostro femenino,
por las siluetas recortadas contra un fondo,
por las sombras y luces sobre los objetos.
En la casa vacía, la presencia ausente.
Aunque haya influencias vanguardistas, la conjunción no puede ser sino original, en el sentido más literal del término.
No alcanzan las palabras, hace falta la mirada.






09 julio 2009
Nostalgias
LS

Todas las fotos son de Elliot Landy y han sido publicadas en el libro Woodstock Vision, The Spirit of a Generation.
23 junio 2009
El espectador imaginario - Junio 2009

50 años de la Nouvelle Vague (segunda parte) por Isabel González
Investigamos
Al final de la escapada, por Arantxa Acosta
París nos pertenece, por Manu Argüelles
Jules y Jim, por Javier Moral
Vivir su vida, por Paula Segovia
La carrièrre de Suzanne, por Marcela Barbaro
Letras de cine
El principio del fin. Tendencias y efectivos del novísimo cine japonés, por Manu Argüelles
Culto a
Dos metros bajo tierra, por Arantxa Acosta
Cine de autor
Michael Winterbottom, por Manu Argüelles
Prensa especializada
European Film Treasures, por Liliana Sáez
Festivales y premios
Cannes, por Javier Moral
Críticas
Génova, por Manu Argüelles
Good, por Arantxa Acosta
La belle personne, por Manu Argüelles
La caja de Pandora, por Arantxa Acosta
Los mundos de Coraline, por Javier Moral
Los testigos, por Manu Argüelles
Mad detective, por Javier Moral
Man on wire, por Javier Moral
Still walking (Caminando), por Manu Argüelles
Dossier
Terminator Salvation, por Arantxa Acosta
07 junio 2009
El diablo también sabe filmar
EL DIABLO TAMBIÉN SABE FILMAR - SOBRE HÄXAN, LA BRUJERÍA A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS (1922)
Pablo Castriota

Ver Häxan - La brujería a través de los tiempos" (1922) genera una sensación probablemente similar a la de presenciar la revelación de un documento encontrado en una cripta o una catacumba. Mientras muchos críticos actuales interpretan como gestos transgresores u osados la cruza de los "difusos límites entre el cine de ficción y el documental" en muchos cineastas festivaleros contemporáneos, esta rareza de casi 90 años de existencia hace explícita la presencia de su director apenas comenzada la película, anticipándose en muchas décadas a gestos presuntamente "modernos" o poner bajo cuestionamiento el llamado Modelo de Representación Institucional. Häxan... es un docu-ficción mudo de origen sueco firmado por Benjamin Christensen, director del que desconozco el resto de su filmografía. Esta película está dividida en siete capítulos. La introducción, a modo didáctico e informativo, le permite al director trazar, mediante ilustraciones y textos de las más diversas épocas y orígenes, un recorrido por las supersticiones y mitos en torno al origen del Universo, la hechicería y, el tema principal de la película, la figura de las brujas. Pero cuando todo parecía tratarse de una especie de lección de Historia en formato documental, llega el segundo capítulo, y con él se pasa al punto más atractivo y de dominio central en todo el film: la puesta en escena grotesca de esas supersticiones a cargo del realizador, que aborda la paranoia y persecución a las que se sometieron a infinidad de personas bajo la acusación de cometer actos de brujería, las prácticas y tormentos que la Inquisición ejerció sobre estos acusados y, por sobre todas las cosas, un tratamiento sumamente humorístico de algunas de estas cuestiones, no privadas de un tono algo anticlerical y que confieren a la película la condición de simpático fetiche blasfemo ideal para cinéfilos herejes.
En la primera secuencia dramatizada vemos a una bruja en pleno preparativo de sus pócimas; dos asistentes le traen la mano amputada de un ladrón muerto en la horca envuelta en ramas; la hechicera procede a preparar una infusión curativa agregándole un dedo de la mano del muerto cuando, en el medio de la noche, recibe la visita de una mujer que viene a pedirle alguna "poción" para atraer el apetito sexual de un "devoto hombre de la Iglesia". Mientras la hechicera cede a su pedido comentándole de qué están hechas sus "recetas", la mujer fantasea con los efectos que este brebaje pudiera llegar a tener sobre el objeto de su deseo. Fundido mediante, vemos a un obeso monje que devora su cena como un cerdo, mientras la mujer le vuelca secretamente la poción sobre su bebida. El rechoncho monje bebe el líquido, y rápidamente vemos como su rostro expresa el efecto favorable que la bebida ha surtido en él. No satisfecha con esto, la mujer intensifica aún más su fantasía cuando la bruja le ofrece una poción de efecto aún mas poderoso que el anterior. Volvemos a la escena de la fantasía, donde esta vez el monje no se limita solo a miraditas de picardía sino que, directamente, emprende la persecución de la mujer por el medio de un bosque. Estas representaciones satíricas son coherentes en su forma, dado que el director apela al fabuloso poder expresivo del cine mudo en la gestualidad exacerbada de sus actores, en la graciosa literalidad burlona de los intertítulos y en el uso irónico de la música clásica, borrando cualquier posible rastro de impostación o rigor histórico en el tratamiento de los hechos.
Luego de una divertida alusión a las múltiples representaciones del Diablo y sus manifestaciones, en donde el mismo director encarna la figura de un promiscuo Satanás a cuyos brazos se rinde una "embrujada" sonámbula desnuda, pasamos al tercer capítulo en donde la película focaliza en el rol de los Inquisidores y la feroz persecución que se ejerció sobre toda aquella persona sospechada de perpetrar hechizos contra los demás. El criterio de acusación se basaba prácticamente en el aspecto del acusado, y dada la fama de viejas decrépitas que desde siempre se le otorgaron a las brujas, las que mayor riesgo corrían de caer bajo la siniestra acción de los Inquisidores y el prejuicio de la gente eran las ancianas que mendigaban en las puertas de las casas de los burgueses. Es lo que le sucede a la pobre María, la Tejedora, quien no tiene mejor suerte que la de caer a pedir pan en la casa de un enfermo a quien el dictamen de un ridículo ritual hecho con plomo lo diagnostica como "hechizado". Anna, la sufrida mujer del enfermo, influenciada por el diagnóstico del curandero y los prejuicios de su época, hace caer el peso de la acusación sobre María, a quien toman como prisionera y llevan ante los Inquisidores para ser sometida a toda clase de torturas. Ante el cruel trato recibido, la anciana comienza una falsa "confesión" en la que, ante los exhortos interrogadores presentes, describe toda una serie de ritos satánicos de los que ella habría formado parte. Esto da pie a que el director represente estas secuencias, que se encuentran entre lo mejor de toda la película: vuelos sobre escoba, diablos soplando cuernos y golpeando timbales, pisoteos y escupitajos sobre crucifijos, bebés sin bautizar arrojados a un caldero hirviendo y, lo mejor, la orgía en la que las mujeres participantes besan el trasero de los demonios. El peso de la acusación se vuelve contra Anna y su familia, quienes, según el falso testimonio de María, la Tejedora, formaban parte de esos rituales. Hay una frase que aparece poco después en la película y que resume perfectamente el grado de peligro que llevaban consigo los prejuicios sociales de la época:
Anna es capturada en su hogar junto a su madre y sirvienta por los Inquisidores y sometida a los mismos sufrimientos que María, la Tejedora. El hermano John, uno de los más jóvenes y piadosos integrantes de la Inquisición, se siente tentado ante la presencia de la atractiva Anna, y le pide a uno de sus "hermanos" que lo castigue porque sus sentimientos son pecaminosos. El hermano, siempre bien predispuesto para limpiar culpas ajenas, toma el azote y flagela a John, a quien suponen "hechizado" por acción de la joven Anna; el hermano debe firmar, a instancias de sus duras autoridades, una acusación de "bruja" contra la joven. Como si esto fuera poco, los Inquisidores no dudan en ejercer prácticas de extorsión contra los acusados, como por ejemplo, prometerles la liberación en secreto si les revelan cómo generar truenos con agua. Cuando la persona acusada, víctima de la desesperación, cede ante este capricho de sus jueces, deciden inventar algo al respecto, atribuyéndose a sí mismos falsas cualidades hechiceras. La acusada es sorprendida "in fraganti" por alguna autoridad en el medio de su "confesión" y así se ratifica su destino inmediato de arder en la hoguera. Si bien este es el tramo más melodramático del relato, Benjamin Christensen no puede evitar el humor en la ridícula temerosidad que le adjudica a los inquisidores, sobre todo en aquella escena donde el hermano John presencia escondido la trampa que le tienden a la joven Anna para que les enseñe algunos trucos de brujería bajo la promesa de ser liberada. Al verla romper en llanto, John trata de convencer al severo Padre Henrik de que una verdadera bruja no podría llorar, a lo que recibe como respuesta:
La película sigue con una descripción detallada de las prácticas de la Inquisición, exhibiendo ilustraciones de "interrogatorios" así como también mostrando auténticos instrumentos de tortura y explicando su funcionamiento con actores. Alcanza conque la mano del torturador simule el movimiento de activación de cada mecanismo para que nos podamos imaginar el resto. Christensen llega al punto de probar el "retuerce-pulgares" en una de sus actrices, según lo que dicen los intertítulos, por "insistencia" de la misma actriz. A esto le sigue una divertida secuencia de posesiones demoníacas en un convento, donde una beata, la hermana Cecilia, es tentada por el diablo para cometer un acto de herejía en pleno altar. Las hermanas descubren la "confabulación", pero a esa altura el maligno ya tomó posesión absoluta de su influjo y todas se entregan a una frenética danza de la que la espantada hermana superiora rehúye ocultando su cabeza bajo una tarima como un ñandú.
En el séptimo y último capítulo, el director se sitúa en la actualidad (1922, dado el año de realización de esta película) para efectuar un análisis de las equivalencias entre las viejas supersticiones con las de nuestro tiempo. Para ello se vale de una exhibición de "freaks" cuyas deformidades hubieran derivado en una cruel persecución siglos atrás, mientras que hoy, estas ancianas jorobadas y tuertas deben recibir ayuda de los comedores públicos. El grado de honestidad que Christensen exhibe con los espectadores a través de los intertítulos permite dar una idea del compromiso que el realizador tuvo a la hora de abordar el tema, que sin anular su potencial cómico le permiten reflexionar sobre la linealidad del pensamiento humano y su dudosa evolución a la hora de lidiar con las supersticiones. El director muestra a la anciana actriz que interpretó a María, la Tejedora, diciéndole que ella cree en el Diablo y que éste se le ha aparecido varias noches sentado sobre su cama. Si bien Christensen es respetuoso con el testimonio de su actriz, también muestra lo endeble que resultan estas creencias al dotar la observación de una mirada objetiva (si tal cosa fuera posible), exhibiendo el pequeño cuaderno de oraciones que mantienen a la anciana a salvo de la mala influencia de Satanás. Que el director presente a sus actores en el plano real de las cosas y fuera del rol que venían desempeñando con sus personajes constituye un insólito (para la época) acto de explicitación de la condición representativa del cine, cuando no muchos se atrevían a violentar ese pacto con el espectador. Christensen prosigue advirtiéndole al espectador que una misma actriz se encargará de personificar a diferentes mujeres de la "actualidad", víctimas de diferentes signos de histeria de los que el director se sirve para trazar un interesante paralelo con las posesiones demoníacas de antaño. Así es como resulta sencillo equiparar a los sonámbulos o a los cleptómanos con aquellos extraños poseídos que salían por la noche al encuentro con el Diablo, para luego no recordar nada al despertar. Una paciente muestra insensibilidad física ante los contactos de un médico que examina su espalda, y el director recurre a un montaje paralelo en el que, en la Edad Media, los Inquisidores le hacían creer a los prisioneros que habían estado torturando por la espalda al acusado y que éste ni siquiera había sentido dolor alguno cuando, en realidad, no se había producido ningún contacto físico entre el instrumento de tortura y el cuerpo de la víctima. Esta supuesta "inmunidad" era lo que le confería a la persona su supuesto "status" de bruja, por lo cual la acusación de los inquisidores quedaba fortalecida ante la incredulidad del acusado. El diagnóstico del médico para con la paciente resulta ser de "histérica", y recomienda a la madre que su hija permanezca internada en la clínica. Hay una línea de texto brillante que pone de manifiesto el humor ácido de su director al abordar este paralelismo entre brujería e histeria y su sistema de equivalencias:
Häxan está bastante lejos de ser una película misógina; que la totalidad de las acusaciones de brujería hayan recaído sobre mujeres, y que las víctimas de estas supuestas posesiones también las hayan incluido en su mayoría a ellas sólo habla de un desprecio al sexo femenino ejercido por el dominio imperante de la lógica masculina volcado en la figura de las autoridades políticas y religiosas a lo largo de los siglos. Dado que las víctimas excluyentes de estas persecuciones han sido mujeres, resulta sensato que el director ejemplifique desde la actualidad (bueno, desde principios del siglo XX), los signos de histeria manifestados en la sociedad corporizados en la figura femenina.
Una buena manera de acercarse a Häxan, película de limitadísima difusión en nuestro país, sería por medio de la mula electrónica. Existe dando vueltas una versión rippeada de la edición en DVD lanzada por Criterion, el mejor sello de ediciones en DVD del mundo. Si bien los efectos de la compresión se hacen visibles en el rojo monocromático que domina toda la imagen, la copia está en un punto aceptable, pero que seguramente difiere en mucho, muchísimo, de la original lanzada por Criterion. Los subtítulos en español pueden conseguirse fácilmente en www.subtitles-divx.net. La película también puede descargarse de manera gratuita en http://www.archive.org, dentro de la categoría Moving Images - Movies. Para quienes puedan desembolsar un dinero, contar con una edición original de Criterion siempre es preciable para cualquier coleccionista: según la descripción que se hace en el sitio web de la editora (www.criterion.com), la edición consiste en dos versiones de la película: la primera es la original y la segunda es una versión reducida a 76 minutos, que incluye la narración del poeta beatnik William Burroughs, con banda de sonido de Jean Luc Ponty. También incluye una presentación a cargo del director, Benjamin Christensen, con motivo del re-estreno del film en 1941, escenas eliminadas, un recorrido fotográfico por las fuentes históricas de información de las que se sirvió el realizador para su investigación, y como es costumbre en esta editora, un transfer digital con colores restaurados traslucido en el infernal rojo monocromático que impregnan estas películas, que seguramente debe formar parte de la colección privada del mismísimo Satanás. La edición, como todas las de Criterion, no cuenta con subtítulos en español, por lo que tendrán que valerse de sus conocimientos de inglés para interpretar la traducción de los intertítulos que se encuentran en su idioma original, el sueco, y que según informa la editora, también debieron ser agregados dada la desaparición de los originales.